Viña Octubre 2017
65 tell. cl ¿Tienes pensado un nuevo libro? Obvio. Lamentablemente, escribo poemas en inglés y publico cuando puedo, en revistas gringas. Siempre seré un poeta gringo y allí está mi público. Para que aparezca otro libro de poemas en español tiene que haber interés acá para traducirlos. Es un proyecto tedioso. Complejo. En prosa tengo suficiente material para hacer una secuela de Moriré en Valparaíso . Pero no lo hago porque me quedé dolido del primer proceso. Moriré … agotó su primera edición. Apareció un par de semanas en el top ten de los diarios santiaguinos. Apareció en la lista de nominados del Altazor. A pesar de esto, la editorial, que es de Santiago, optó por no autorizar la segunda edición. Me desmotivó. FUNDACIÓN VALPARAÍSO Para muchos, Todd Temkin había desaparecido, pero fue justamente lo contrario, porque su mente insaciable y búsqueda de proyectos no para. Ha vuelto a escribir, esporádicamente, para El Mercurio , es director de la Fundación Piensa, consejero regional del CNCA, vicepresidente del Instituto Chileno Norteamericano de Valparaíso — una institución patrimonial que ha aumentado mucho su contribución cultural en estos años—, director del Jardín Botánico Nacional y socio de la consultora G4, donde ha destacado su fuerte apuesta regional. ¿Qué significa para ti Fundación Valparaíso? Una experiencia maravillosa. Tuve la suerte de ser la persona correcta, en el lugar correcto, en el momento correcto. Estaré eternamente agradecido. Pero sufro mucha pena de no haber sido capaz de institucionalizar la fundación más allá de mi figura. Los donantes donaban porque estaba yo. Las autoridades, lo mismo. Hicimos miles de cosas. Pero no fui capaz de entregar la FV a una nueva generación con la autonomía suficiente para seguir sin mí. Me entristece esto. Lo siento como mi gran fracaso. ¿Pero el proyecto sigue en pie? Sí, a pesar de mis mejores intentos de sabotearla (ríe), la FV aún existe. Tengo un directorio nuevo, de lujo, y esperamos lograr aún la anhelada institucionalización. Tenemos sueños, pero hay que entender el contexto, pues para la futura fundación será distinto al que se tenía en el pasado… hoy Valparaíso tiene gestores culturales, doctores en patrimonio, liderazgos increíbles. El año noventa y siete ocupamos un espacio que no existía en esa época, pero que hoy cuenta con muchos talentos. Lo que sí tengo claro es que uno de los sellos que me gustaría mantener es su discurso proactivo. ¿Cuál crees que fue su mayor logro? Son muchos y cada uno me enorgullece. Pero más allá de ellos, lo que más me emociona es haber aportado mi granito de arena para que Chile, como país, cambiara su relación con Valparaíso. Hace veinte años, el 97% de los chilenos veía en Valparaíso “una ciudad pobre que se evita en camino a Viña”. Hoy este mismo 97% camina orgullosamente los cerros, chochos y emocionados. Haber contribuido a este cambio de paradigma —junto con otras valiosas personas— es, lejos, mi logro más importante. ¿Quiénes te apoyaron incondicionalmente? ¿Y cuáles fueron las críticas que más te dolieron? Centenares, tal vez miles, me apoyaron. Las principales críticas surgieron los primeros cuatro años. Algunos no podían creer en un gringo que se a ambientalismo, dentro de los que se incluía la apicultura, pues sin las abejas definitivamente no hay vida. En busca de encontrar esos valores —fuera del paradigma del poder y la competencia que Todd critica de la sociedad actual—, hoy le inculca a sus hijos Nicholas (15) y Elyse (13) el trabajar la tierra y disfrutar lo sencillo de la vida. Como familia son muy unidos, disfrutan de sus escapadas a Cachagua y de placeres culpables como la obra Hamilton . “Conoce- mos las letras de todas las canciones y ha marcado profundamente nuestra vida. Cultu- ralmente es muy interesante, pues relata la vida del inmigrante Alexander Hamilton, uno de los cinco padres fundadores de Estados Unidos, pero es el menos conocido”. ¿Tus hijos dimensionan la fama que tuviste? Sí, y hacen todo lo posible por mantenerme humilde, ellos siempre hablan de mí como un minor minor celebrity. Están orgullosos, ambos leyeron mis libros sin que yo se los haya pedido, pero también soy objeto de burla en la familia (ríe). LA FELICIDAD ES AHORA ¿Qué te inspira para escribir poesía? La poesía es el acto de habitar e impregnar el ahora. Es un acto político de rechazar la seudofelicidad del consumo. Escucho tanto decir, “Voy a ser feliz cuando…” Imposible. La felicidad solo puede existir en el ahora. Escribiendo uno descubre miles de sinergias que confluyen en el instante. Pero uno no las ve porque está preocupado por tonteras. El lugar más bello del mundo debe ser, por definición, el lugar que habitas en ese instante. Si no entiendes eso no puedes escribir poesía y tampoco la puedes leer. Si no entiendes eso no puedes ser feliz. Conozco mucha gente exitosa que busca llenar su vida con adrenalina. Pero eso es una droga. Su efecto pasa y se necesita una dosis cada vez más grande. Leer, crear, amar, dar es más integral, más sano. ¿Cómo describirías a Valparaíso y su gente? ¿Y a los viñamarinos? Viña es la clásica ciudad “tipo americana”, donde se confunde la comodidad con la felicidad. En Valparaíso se sufre más. Pero la vida es más intensa. Sin sufrimiento no hay alegría. ¿Estás escribiendo actualmente? Siempre. Hoy Valparaíso tiene gestores culturales, doctores en patrimonio, liderazgos increíbles. El año noventa y siete ocupamos un espacio que no existía en esa época, pero que hoy cuenta con muchos talentos”.
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