Viña Octubre 2017

66 tell. cl creía profeta de Valparaíso. Tenía que haber algún gato encerrado, insistían. Lo buscaban incansablemente hasta que se aburrieron. Algunas de esas personas hasta me saludan hoy en la calle. ¿Esa sobreexposiciónmediática gatilló tu bajo perfil estos últimos años? Cuando sentí que necesitaba gastar energía en sostener un mito sobre mi persona, me di cuenta de que había creado un monstruo. Era mejor dejarlo morir. Eres arquitecto honorario, ¿qué opinas de proyectos como Mall Barón y los constantes peligros que vive la ciudad puerto de perder su título de Patrimonio de la Humanidad? Participé en el consorcio que ganó la licitación para asesorar a la EPV sobre Puerto Barón. Presentamos un proyecto muy distinto a lo del Mall Plaza. Claramente habría preferido el Acuario Nacional de Chile como ancla y no una Falabella. Uno de los temas que flotó nuestro consorcio era la idea de hundir Errázuriz y la línea férrea entre las Avenidas Argentina y Francia, generando una gran rambla. La contraparte técnica de la EPV no lo apoyó ni tampoco algunas otras ideas que propusimos. Lo de hundir Errázuriz creo que hay que repensarlo. Eso sería un importante aporte del Estado para mejorar el actual proyecto. ¿Qué opinas de la ley Valparaíso? Es muy necesaria. La pobreza de la IMV no es solo resultado de las malas administraciones. Ocurre porque más del sesenta y cinco por ciento de las casas del anfiteatro están exentas de pago de contribuciones. Ocurre porque la ciudad patrimonial no puede tener malls ni torres y, por ende, no puede recaudar patentes que otras ciudades de Chile sí pueden recaudar. Si Chile quiere que Valparaíso sea una joya patrimonial tiene que recompensarla con los recursos que no puede recaudar y que otras ciudades sí pueden. ¿Cómo llegas a ser parte de los fundadores de Piensa? Hace cuatro años creamos la consultora G4 con mis amigos Mikele Atucha y Jorge Martínez. De repente, Jorge empezó a sonar fuerte como el candidato natural para liderar la puesta en marcha de Piensa. Era un proyecto demasiado interesante como para no dejarle la libertad de ir. Jorge insistió en que yo participara como fundador. La idea fue bien recibida y hasta me propusieron para el directorio, donde he servido desde el inicio. ¿Qué ha significado para ti ser parte de este grupo humano? Gran Valparaíso es un dedal. Ya conocía más de la mitad de los fundadores. Algunos eran amigos míos. Los otros me ubicaban desde la FV o el diario. Ha sido un proceso fluido y natural. Piensa tiene grandes familias empresariales atrás. Así, trato de aportar más desde mi perspectiva porteña y de poeta. T Algunos no podían creer en un gringo que se creía profeta de Valparaíso. Tenía que haber algún gato encerrado, insistían. Lo buscaban incansablemente hasta que se aburrieron. Algunas de esas personas hasta me saludan hoy en la calle”.

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