Santiago Noviembre 2017

76 tell .cl quedaron ricos”, recuerda entre risas Rodrigo Cisternas, tercera generación de la familia y quien, desde marzo y junto a su padre Gonzalo y su hermano Gerardo, está a cargo del negocio. ¿Cuándo decidieron crecer y dejar de ser solo una chocolatería del centro? La fábrica, como tal, fue la primera en salir del centro, porque era muy pequeña. Hace unos treinta años se movió a Recoleta, pero también se abrieron más tiendas; después de Tenderini vino Huérfanos, luego Providencia y cuando comenzó a desarrollarse la zona oriente, se creció hacia allá. ¿Siempre existió la idea de ser una cadena? No. Esto partió como una chocolatería artesanal, chica y conbaja capacidad productiva. Pero a medida que el negocio fue creciendo, se invirtió en nuevas máquinas, pero siempre respetando los procesos manuales. Entonces quedó claro que el negocio era bueno, que las cosas que hacía eran ricas y que la gente las compraba, así que fue profesionalizándose. ¿Nunca pensaron en cambiarle el nombre? No, es el mismo nombre de siempre. De hecho, el icono de la marca era el teatro Municipal y nosotros lo vamos a retomar ahora, porque es parte de nuestra historia. ¿Cómo fue para ti nacer y crecer en una familia chocolatera? Desde siempre, toda mi familia estuvo involucrada en esto. Yo mismo, para los veranos y las pascuas partía a trabajar, a atender locales, a lo que fuera. Todos mis recuerdos son con mucho cariño, de mucha cercanía con los clientes, de crear productos únicos. Éramos la chocolatería fina que existía en Chile, con buenos ingredientes, buena factura y productos ricos. Esto partió como una chocolatería artesanal, chica y con baja capacidad productiva. Pero a medida que el negocio fue creciendo, se invirtió en nuevas máquinas, pero siempre respetando los procesos manuales”.

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