Serena Diciembre 2017
¿Y el secreto de su elaboración? Más que secreto diría que hay que poner mucha atención en lo que se está haciendo. No puedo distraerme porque debo batir la mezcla durante una hora y media en una paila de cobre que le compré a un gitano hace muchos años. Si me desconcentro es muy fácil que el caramelo se pegue o se pase del punto. ¿Y el envoltorio también es creación propia? Sí, partimos con la etiqueta original creada por mi tío y, hace seis años, unos estudiantes de diseño gráfico que estaban preparando su proyecto de tesis me propusieron crear un logo para las calugas e incorporamos los versos. ¿En qué momento dejó su trabajo en la pesquera para dedicarse a las ca- lugas? ¡No! La pesquera me dejó a mí (se ríe). Yo era capitán pesquero de un barco industrial y cuando entró en vigencia la Ley de Pesca en el 2000, no podía- mos entrar a las cinco millas que están regularizadas para la pesca artesa- nal, y en Coquimbo se da la particularidad que los peces están en la orilla, por lo tanto, no era rentable y la empresa optó por comprar los productos a los pescadores artesanales. ¿Y eso significó emprender? Claro. No podía quedarme de brazos cruzados, así que me dediqué a ela- borar calugas. El cambio fue bastante fuerte al principio, porque de trabajar con horario y tener libre los fines de semana, pasé a estar ocupado todos los días y sin descanso. Después de haber trabajado en el mar por más de veinte años, tuve que salir a otro mundo… tomar un bolso y ponerme a ven- der las calugas en el centro. Busqué la manera de generar más ventas y mi señora, Verónica Vargas, comenzó a ayudarme. ¿Postularon a algún fondo gubernamental? ¡A muchos!, pero ninguno nos resultó. La conclusión de esto es que para el FOSIS somos demasiado ricos y muy pobres para SERCOTEC. Lo que buscaba era un aporte para la implementación del local, pero en ese entonces sentía que en esta zona no le daban mucha im- portancia a las chocolaterías, cosa que no ocurre en Valdivia o en el sur en general. La verdad es que quedamos muy decepcionados y desistimos en buscar apoyo. ¿Cuál fue el siguiente paso? Partimos arrendando un espacio en la Pampilla de Coquimbo y ahí nos dimos a conocer. Luego, participábamos con frecuencia en la feria de la Plaza Gabriel González Videla. Construí un pe- queño taller en mi casa y desde entonces este ha sido nuestro lugar de trabajo. ¿Y calugas Gerding empezó a hacerse conocida? Durante dos años hicimos muestras para que la gente degustase nuestras calugas y, con el tiem- po, dejamos de hacerlas porque las personas nos decían que no era necesario, que ya las conocían. Después innovamos con la elaboración propia de 78 tell .cl …mi tío tenía setenta y siete años y andaba a la par conmigo, era muy vigoroso y activo. Era además un gran poeta. Le encantaba inventar versos para las calugas y así conquistaba a los clientes”.
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