Serena Diciembre 2017

Ca lugas caseras Gerding El capitán de barco pesquero, Julio Gerding, heredó de su tío, hijo de emigrante escocés y amante de la poesía, la receta original de estas dulces delicias. Lo que partió como un pasatiempo se convirtió en su principal fuente laboral y en un emprendimiento familiar, al que sumaron chocolates, bombones y alfajores. Una tradición que perdura en una pequeña tienda, ubicada en pleno centro de La Serena, y que a la usanza de las chocolaterías del sur, conquista los paladares y corazones nortinos. Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U. 77 tell .cl al sabor J uan Gerding, escocés, y Maggi Gil- christ, holandesa, llegaron a Chile en 1908. Se conocieron en el sur y al casarse optaron por radicarse en An- cud, donde nacieron sus cinco hijos. El menor de ellos, Marcos Gerding Gilchrist, creció viendo a su madre en la cocina preparando deliciosas recetas caseras. Ya adulto y luego de regresar de su trabajo como empleado fiscal, recibió a sus hijos que venían de una fiesta. Habían comido tantos dulces que traían la boca pintada con anilina. Tal fue su impresión que de- cidió ir a la cocina a elaborar las calugas caseras que hacía su madre para que su familia disfruta- se del verdadero sabor de estas suaves y aromáti- cas tentaciones. Fueron tan exitosas y aplaudidas que nunca más dejó de hacerlas y comenzó a venderlas en fiestas y kermesse de la ciudad. Esta historia parte en 1948, pues diez años después se traslada a Santiago, donde las pro- duce como Calugas Gerding. A su hermana Tine —quien se encontraba en una difícil situación económica— le enseña la receta de las calugas y ella, con una bandeja, comienza a venderlas afuera del Portal Fernández Concha, en el centro de Santiago. Le fue tan bien con el negocio que Tine arrienda un local al que bautiza como calu- gas “Las Escocesas”, en memoria de su madre. Paralelo a su trabajo, Marcos Gerding continuó vendiendo las calugas a tiendas y supermerca- dos, sin embargo, y después de varios años, el retraso en los pagos de los clientes, lo obligó a alejarse del negocio. En 1980, Julio Gerding (65), sobrino de Marcos, llega desde Valdivia para radicarse en Coquimbo, donde trabaja como capitán de barco pesquero. En la década del noventa, las frecuentes visitas de su tío a la zona genera entre ellos un fecundo lazo de amistad, tanto es así que entre largas y nutridas conversaciones, Marcos le propone que aprenda a elaborar sus calugas. ¿Vieron aquí una oportunidad de negocio? Sí, salíamos con una maleta para vender en los bancos y tiendas del centro. En ese entonces, mi tío tenía setenta y siete años y andaba a la par conmigo, era muy vigoroso y activo. Era, además, un gran poeta. Le encantaba crear versos para las calugas y así conquistaba a los clientes. ¿Qué tipo de versos? Están escritos en las etiquetas de las calugas. De- cidimos incluirlas porque también ese era su sello (toma una bolsa de calugas y comienza a leer) Por ejemplo, este dice: “Los humanos en su estancia, en este mundo de fiebre, será difícil que enfer- men, si consumen desde la infancia Calugas Ca- seras Gerding”. Y este otro: “Si sabes, a todos dile y si no sabes, aprende, son las mejores de Chile, Calugas Caseras Gerding”. Y en este envoltorio describe a las calugas “Palabra de honor, amiga de toda la gente, porque además de ser excelente en calidad y sabor ¡no se pegan en los dientes!”. DEL MAR A LA COCINA ¿Cuál es la particularidad de las calugas Ger- ding? La receta es de origen escocés, tienen un sabor muy especial y lo más importante es que no se pegan en los dientes. Con el calor de la boca se van deshaciendo y se pueden masticar perfecta- mente. La receta original es con nueces; durante un tiempo estuve haciendo con café, pero no se vendía mucho. ODA escocés

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