Serena Octubre 2017
34 tell. cl En 1974, la asistente social de la Universidad Católica de Valparaíso, María Eugenia Reyes, llega a La Serena por razones laborales de su esposo, Luis Moncayo. Mientras trabajaba en el Arzobispado de La Serena a cargo de la Vicaría de la Solidaridad es invitada a formar de la Corporación. “En 1977, ingresé como socia y en ese tiempo, como trabajaba en el arzobispado, tuve la posibilidad de derivar ciertos casos a la protectora y esta, a su vez, acogía las solicitudes para realizar los aportes, de manera que fue muy po- sitivo”, recuerda María Eugenia, madre de tres hijos, abuela de siete nietos y presidenta de esta corporación desde el 2008. Actualmente, quince mujeres socias y voluntarias la acompañan en esta labor. Una asistente social y dos técnicos en trabajo social forman parte del equipo permanente de la corporación, institución que en agosto de este año inauguró su nueva oficina ubicada en la calle Regimiento Co- quimbo de La Serena. Desde aquí, reafirman diariamente el compromiso que tienen desde su origen con el colegio Elena Bettini y con las trescien- tas treinta y siete familias en riesgo social que se han ido sumando a lo largo de su historia. ¿Cuál es la labor que realizan con el colegio Elena Bettini? Construimos un gimnasio, salas de clases y todos los meses aportamos con treinta becas para niños y niñas que requieran financiar sus estudios, vestuario y estadía en el colegio. Tenemos una asistente social que estu- dia cada caso y nos deriva las solicitudes y contamos con un profesor de computación para que los niños accedan fácilmente a sus clases. Además, tengo la alegría de haber formado parte de la gestión para que la Fundación Arteaga del Río donara violines para una orquesta musical integrada por alumnos de este colegio. ¿Y qué tipo de ayuda brindan a las familias que se han sumado a esta obra? Nuestra atención se centra también en familias que pertenecen al cuarenta por ciento de la po- blación más vulnerable, de acuerdo con la Car- tola de Registro Social de Hogares. Son alrede- dor de ochocientos niños y niñas de La Serena, Coquimbo y otras zonas rurales, que reciben una ayuda complementaria a la otorgada por los CES- FAM, ya sea en leche, desde los seis meses has- ta los seis años de edad, y en fórmulas lácteas cuando es indicado por los profesionales de la salud, incluyendo apoyo en complementos nutri- cionales a niños y niñas con dificultades médicas de cuidado y, en ocasiones, incluimos a niños por sobre los seis años con diagnóstico médico. Además, entregamos ayuda parcial o total para compras de medicamentos cuando el servicio público no entrega la cobertura. ¿En esta gran red de atención han incorpora- do también a otras instituciones? Frente al aumento de casos de diagnóstico de déficit atencional estamos brindando apoyo en base a Flores de Bach y clases de yoga a los ni- ños del colegio Nuestra Señora de Andacollo de los Hermanos Maristas. Además, solicitamos al colegio la extensión del horario de clases para que los niños no queden solos en sus casas mientras los padres trabajan. Permanecen allí hasta las seis de la tarde y ha sido una medi- da muy positiva de protección y de resguardo. Además de recibir sus alimentos, cuentan con un sicopedagogo que les ayuda con las tareas y deberes. EDUCAR Y PREVENIR ¿Cómo financian todas estas obras? Hasta el día de hoy nosotros no tenemos ningún tipo de financiamiento estatal o municipal. Esta obra se sustenta solo con el arriendo de la pro- piedad heredada por Moucheney. Por largo tiempo, esta institución se financiaba solo con el aporte de las voluntarias, pues, en 1935, Hernando Moucheney hereda a la protectora una vivienda, ubicada en la calle Gregorio Cordovez”.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0