Serena Octubre 2017

33 tell. cl presidenta Corporación Protectora de la Infancia Por más de un siglo, esta institución laica y sin fines de lucro, ha realizado un trabajo de hormiga y prácticamente en silencio. Brindar alimentación, apoyo en educación, en salud y, por sobre todo, proteger a niñas y niños en riesgo social ha sido su bandera de lucha. Hoy, frente a la cruenta realidad del SENAME, María Eugenia Reyes es categórica en afirmar que el desafío de la Protectora es aún mayor. “No queremos que los niños lleguen a hogares o residencias”, recalca. Por Verónica Ramos B. / fotografía Francisco Díaz U. y gentileza entrevistada. María Eugenia Reyes El milagro E n 1913, un grupo demujeres de reconocidas familias sere- nenses, entre ellas, Del Río y Chadwick, decidieron aunar sus voluntades y entregar ayuda a los niños y niñas más desprotegidos y necesitados de la zona. Enseñar a las ma- dres a cuidar a sus recién nacidos y entregar alimento a los alumnos en riesgo social del colegio Justo Donoso (hoy, Elena Bettini), fue el primer objetivo de la entonces Sociedad Protectora de la Infancia. Por largo tiempo, esta institución se financiaba solo con el aporte de las voluntarias, pues, en 1935, Hernando Moucheney hereda a la protectora una vivienda, ubicada en la calle Gregorio Cordovez. Su primera presidenta, Josefina Cavada de Alonso, decide arrendar las habitaciones de esta pro- piedad para recibir mayores ingresos y, así, aumentar la ayuda que cada vez se hacía más necesaria. Su primer directorio se formó en 1953, conformado por María Pizarro de Claro, Cristina Maturana de Varela, Julia Chadwick de Solar, María Álvarez de Chadwick, Estela Rondanelli del Río y Emma Espinoza del Río. Con los años, dejó de ser sociedad y pasó a llamarse Corporación Protectora de la Infancia. de una herencia

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0