Norte mayo 2018
34 tell. cl Aquí no existen las tradicionales salas de clases, no hay pizarrón y las mesas y sillas tampoco miran hacia el frente. Lo que sí hay y bastante, son materiales y herramientas, pues en Jean Piaget todo se aprende haciendo. ubicada a un costado de la Ruta 5 Norte. Hace ocho años es reconocida como una institución de excelencia académica. “Este centro laboral fun- ciona gracias al compromiso, la perseverancia, la pasión y el cariño de todo el personal y especialmente de los profesionales que entregan su formación a cada uno de los alumnos. Nosotros seleccionamos a los profesores no solo por su currículum, sino porque son mejores personas. Esta es la base y es lo que nos permite continuar con esta obra maravillosa”, destaca la directora. Y con recursos que muchas veces no son suficientes Mantener este centro laboral es muy caro y, lamentablemente, el Estado aún no ha previsto que la educación especial necesita más recursos que cualquier otro nivel educativo en este país, porque estos jóvenes son quienes menos logran alcanzar su propósito. Ni siquiera logran visualizar un proyecto de vida porque muchas veces son abandonados por sus familias o sus padres; tienen un nivel de vulnerabilidad tan alto que no pueden satisfacer las necesidades de sus hijos en ningún ámbito. ¿Pero los alumnos de Jean Piaget sí tienen más posibilidades? Este es mi último periodo como directora, ya que en cuatro años más dejo el cargo y debo decir que he sido muy feliz y es donde me he sen- tido más realizada, porque veo los avances y me doy cuenta de que están felices, que muchos han logrado formar su hogar y mantener un trabajo estable, especialmente en viveros particulares, en el vivero municipal y en el área de metalurgia y soldadura. ¿No ocurre lo mismo, entonces, en otras áreas de trabajo? Hemos tenido buenas y malas experiencias, porque así como existen empresas o instituciones que abren sus puertas para dar una opor- tunidad laboral, hay otras que simplemente no están dispuestas a perder el tiempo o su productividad para enseñar a un joven que se demora mucho más que otro trabajador en aprender. Ahora, con la ley de inclusión confiamos en que esto cambie y se puedan abrir más puertas, porque por ejemplo, aún no logramos insertar a un joven con síndrome de Down en un puesto de trabajo. La mayoría de ellos no tiene la independencia para movilizarse solos, entonces la responsa- bilidad del empleador es mucho más grande. ¿Cuál es la realidad de los jóvenes que tienen más de veintiocho años y que deben dejar este centro? Nuestro sueño es crear el Taller Protegido para todos estos jóvenes que no tienen cobertura a nivel de Estado, salvo en instituciones particulares. Presentamos este proyecto a los alcaldes y lo que se busca es habilitar un espacio donde ellos puedan trabajar en la producción frutícola, en el cultivo de flores, en la crianza de animales, etc. Que puedan contar con alimentación y movilización propia. Tenemos una tremenda deuda a escala nacional con los jóvenes mayores de treinta años que padecen alguna condición
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