TELL MAGAZINE SEPTIEMBRE 2024
24 tell. cl DESTINO: MOMBASA En el 2018, cuando tenía treinta y siete años, entre las ganas de ayudar a otros y darles un sentido a sus viajes, Paula encontró en internet un voluntariado en un orfanato de Mombasa: Baby Life Rescue Centre, que le llamó la atención. “Por casualidad llegué a la ONG Voluntarios en Kenia, liderado por un grupo de españoles. Mi intuición me dijo que tenía que ir a conocerlos, y así contacté a Peter y Selpher, un matrimonio que, con mucho esfuerzo, recibe a niños abandonados (la mayoría de cero a cinco años)”. “Después de varios aviones, dos días de viaje y más de diez horas de diferencia con Chile, aterricé enMombasa,unaciudadafricanacosteraconmás de un millón de habitantes. Me bajé del avión y el impactó fue tremendo, era la única mujer blanca en una bulliciosa ciudad con muchísima gente. Con un tremendo calor y una humedad espantosa llegué a una casa de concreto, con piso de tierra. Se abrió la puerta y me miraron veintiocho ojitos grandes e intensos, se arrastraban y gateaban a abrazarme como koalas y reventé en llanto. Ellos sólo querían brazos y amor. Desde ese momento supe que era el lugar al que debía llegar”. ¿Cómo fue esa primera experiencia? Intensa, una de las experiencias más duras que he vivido, pero también una de las más lindas. Cuando contacté a la ONG, lo primero que me contaron es que me iba a tocar estar sola en el voluntariado, por tres semanas, y me asusté. Pero era un miedo a lo desconocido, porque Mombasa es muy segura y su gente es muy respetuosa; en estos seis años jamás me ha pasado algo malo, todo lo contrario. A la semana de mi llegada se sumó otra voluntaria española y nos apoyamos entre las dos, eso fue muy importante, porque las emociones se viven a flor de piel. “Como extranjera era imposible no conmoverse, al comienzo lloraba todos los días. La condición en que llegan estos niñitos es muy cruda. Todos Con un tremendo calor y una humedad espantosa llegué a una casa de concreto, con piso de tierra. Se abrió la puerta y me miraron veintiocho ojitos grandes e intensos, se arrastraban y gateaban a abrazarme como koalas y reventé en llanto. Ellos sólo querían brazos y amor. Desde ese momento supe que era el lugar al que debía llegar”.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0