TELL MAGAZINE OCTUBRE 2020
26 tell. cl puente entre las mujeres. Un puente sororo, hecho de generosidad y solidaridad femenina. Volvamos al libro. En 183 páginas “la Chica”, como le dicen sus amigos, nos cuenta su travesía, que incluyó cartas astrales, sicólogos y un monje zen. ¿Fue una suerte de terapia el escribirlo? Uno no se despierta de un día para otro siendo escritora. Nunca fue pensado como libro. Fue mi tía abuela, María Edwards, quien me sugirió, después de leerlo, que lo convirtiera en libro. Siempre he escrito. Con mis papás, mis hijos y mi marido tenemos la costumbre de dejarnos cartas cuando estamos peleados. Cuando chica era bien rebelde, y una forma de tratar de explicarles a mis papás lo que me pasaba era a través de las cartas. Ellas fueron el puente. ENTRETODAS En un estante de la biblioteca de encina que María Luisa se trajo de Holanda, donde vivió siete años, descansan tres libros, entre muchos otros: Ximena , el único escrito por su tía bisabuela, Luisa Wilson del Solar; el premiado Cuentos arqueológicos de su abuela –la antropóloga, arqueóloga y periodista ganadora del Premio Lenka Franulic, Carmen Merino de Ginesta- “que estuvo como lectura obligatoria en el colegio” y el suyo propio. “La tía Lucha leía las manos, era conocida por eso. A mí también me las leyó, pero no me acuerdo de nada, me hubiera encantado hacer una regresión a esa época, pero algo tiene que haber visto, porque heredé de ella una caja con todos sus artículos. No fue fortuito el que me la haya dejado”. No, no fue fortuito. De hecho, lo que está escrito en cursiva en La Llave está copiado textual de las columnas que Luisa Wilson escribía en el diario hace sesenta y cuatro años. “Temas absolutamente vigentes, que podrían haber Yo espero que la gente no se quede con la anécdota sino con las preguntas y reflexiones, eso es lo importante”.
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