TELL MAGAZINE OCTUBRE 2020
Sufrimos las mismas cosas no importa dónde estemos. La que es abusada se siente abusada debajo del puente o en un castillo”. 27 tell. cl de transición ( The Third Culture ) que importó desde Holanda. Antes del libro, iba una vez a la semana a trabajar en Fundación Betania Acoge en Viña del Mar. Ahí convivía con mujeres de la calle, “las verdaderas heroínas”, todas ellas con historias de esperanza, de amistad, de superación, de que sí se puede salir adelante. “Sufrimos las mismas cosas no importa dónde estemos. La que es abusada se siente abusada debajo del puente o en un castillo”. ¿Qué papel juega la resiliencia? Depende de nuestra parada en la vida. En el peak de la pandemia, del hambre, de la miseria, del invierno, veías a la vieja en la toma que se levantaba y con lo poco y nada que tenía iba a ayudar a las ollas comunes, iba a darle comida al otro, mientras la vecina se quedaba reclamando. Mi trabajo con las chiquillas de la Fundación Betania Acoge era mostrarles dónde estaban paradas en la vida, y preguntarles dónde querían estar paradas. Y eso es una decisión personal. Tú tienes la llave de querer ser víctima o tomar las cosas como oportunidades, porque la vida sigue. ¿Eso simboliza la llave? La llave es un ritual, es ese simbolismo que te invita a preguntarte ¿cómo enfrento esto?, ¿desde la víctima o la protagonista? ¿Cuál es tu vocación? Ser puente. Y no lo digo desde la soberbia ni desde el ego, pero creo que tengo un don de conectar personas. ¿Qué rescatas de esta cuarentena? Todo, para mí fue una bendición. Se nos regaló un tiempo. Nos tuvimos que encerrar, las familias tuvieron que volver a conocerse, hubo que volver a sentarse a la mesa a conversar, eso lo encuentro maravilloso, una tremenda oportunidad. Volvimos a lo básico y sobrevivimos. T sido escritos ayer. Impresionante como durante todos estos años se han dicho las mismas cosas y todavía no aprendemos”. Vienes de una tribu intensa… ¿qué heredaste de estas grandes mujeres que te antecedieron? Yo creo que heredé esa voz de seguir empoderando a las mujeres desde adentro de la casa. Nosotras somos súper inteligentes, somos el poder creador y está en nuestras manos cómo damos vuelta a las cosas. Y eso es lo que ellas hacían, mi abuela, Carmen Merino, fue la primera mujer periodista en ir a la Antártica y a la Isla de Pascua. Siento que es una gran responsabilidad mantener ese legado, ese clan de mujeres increíbles. El libro nos da luces para entender nuestros propios procesos. ¿A quiénes has conocido producto de este libro? A través de correos o mensajes por las redes sociales me han escrito muchas mujeres y eso me dio el empujón para hacer la Fundación EntreTodas, porque me di cuenta de la necesidad que había detrás. Personas a las que yo no conocía, amigas de colegio, de yoga, de talleres de filosofía, que me dijeron “a mí también me pasó”. “En una clase social media alta no es tan evidente el tema del abuso. ¿Qué pasa con esa amiga que tiene un puestazo en una multinacional, elegida dentro de las cien mujeres más influyentes del país, que te dice oye mi marido me pega?, ¿qué?, ¿a quién le cuentas una cosa así?, ¿con quién lo conversas?, ¿con un terapeuta? El terapeuta no es todo, uno necesita escuchar “a mí también me pasó”. Uno necesita de su tribu. Por eso la Fundación EntreTodas. “Me di cuenta de que mujeres con educación, mundo y oportunidades no tenían un espacio seguro, de acompañamiento y contención para compartir sus historias y empezar un camino de sanación. Estamos convencidas que con esta fundación podremos sentarnos todas juntas y ayudarnos entre todas a salir adelante”. LA LLAVE Antes del libro, María Luisa, casada, tres hijos, dueña de casa, fue banquetera y dio charlas en el Nido de Águilas, el colegio de sus hijos, sobre un programa
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