TELL MAGAZINE ABRIL 2020
Lo primero que haré, poscuarentena, es ir a la playa y caminar, sin pensar que se está haciendo tarde”. FRANCISCA GUTIÉRREZ Sperlonga, Italia Adaptarse no ha sido fácil, pero una vez que se encuentran puntos de interés y cosas qué hacer, sobre todo para uno mis- mo, se puede. Se valora el tiempo, incluso ese tiempo que ocupamos para sentarnos al sol, para ver brotar las plantas, para ver crecer a los hijos, en momentos que tal vez antes no veíamos o no nos dábamos cuenta. Mis días transcurren en- tre lectura de diarios, hijos, networking , cursos, yoga, estudio y escritura. Cada diez días me programo para salir a comprar la mercadería, salida que festejo como si fuera una fiesta. Una de las mayores preocupaciones que tengo son mis papás. La lejanía física es difícil, incluso después de veinte años que llevo en Italia. Pero luego pienso que si estuviera allá tampo- co podría verlos. Con ellos hablamos de otras cosas: música, cómo visitar museos online , qué cosas poder hacer y, sobre todo, los invito a no dejarse de cuidar y a no caer en las fake- news que van dando vueltas. La cuarentena es válida en toda Italia y hay que respetarla, pero claro, las excepciones existen, como en todas partes. De hecho, en estos últimos días en los que las cifras de contagia- dos parecieran estar bajando, ya hay personas que empiezan a salir más seguido, que salen a pasear, y que no han entendido que aún se vive en una situación de emergencia y que mientras más nos arriesguemos, peor será, porque el regreso a la nor- malidad será aún más lento. Se necesita paciencia. Y, a veces, tenemos poca, italianos y no italianos. Cuando vi lo que estaba pasando en China pensé “¿y si llegara aquí en Italia, con todo el tráfico aéreo, de turismo y de nego- cios que existe en este momento? ¡Fue como un flash ! La preocupación real llegó en febrero cuando empezamos a es- cuchar y leer sobre los primeros casos en el norte de Italia. Esta vez estaba aquí, muy cerca. Con el paso de los días nos dimos cuenta de que no era un simple resfrío y no era un simple virus... Y los casos crecían increíblemente, así como las víctimas. Los primeros días de cuarentena fueron demasiado extraños. Todos en la casa (tengo dos hijos, de quince y once años), sin saber cuánto tiempo sería necesario estar encerrados. A menudo me siento como en un balancín: un día bien, súper entusiasta, haciendo mil cosas, y al otro día con ansiedad, con angustia por tratar de entender cuándo terminará todo y cómo haremos, por ejemplo, con el tema trabajo. Vivo en la región de Lazio, entre Roma y Nápoles, en un balneario que se lla- ma Sperlonga. Aunque trabajo como periodista freelance , en el verano soy vendedora en un negocio. Ahora no se sabe ni siquiera si abrirá. En este tiempo de espera he aprovechado para seguir cursos online , relacionados con el marketing y con las nuevas tecnolo- gías y toda una nueva realidad con la que nos tendremos que enfrentar cuando salgamos de esta condición de “encierro”. Es una especie de preparación y comprensión de los procesos que nos esperan y que no serán iguales a los que dejamos tres meses atrás. Este estudio me está sirviendo mucho para mirar con más esperanza el futuro.
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