TELL MAGAZINE ABRIL 2020
La primera vez que escuché del coronavirus lo comentamos con amigos y decíamos “pobre gente lo que está viviendo”. Pero no le dimos tanta importancia, pensamos que iba a ser como lo ocurrido con el H1N1. Pero aunque lo veíamos como algo muy ajeno, comenzamos a informarnos. Cuando llegó a Inglaterra, al principio fue tomado con miedo y un poco de desesperación. Comenzaron las compras masivas en los supermercados y a los pocos días estaba todo desabas- tecido. Este tiempo de encierro lo hemos aprovechado para hacer esas cosas que siempre dejas de lado por falta de tiempo, como jardinear, ordenar la casa minuciosamente, cocinar, ju- gar juegos de mesa en familia, conversar e interactuar más con los niños, leer ese libro pendiente. Ese ha sido el lado positivo. Afortunadamente y dado que la gente en Inglaterra es tremen- damente respetuosa y acata las medidas, podemos practicar deporte en los parques una vez al día y con distanciamiento so- cial (dos metros unos de otros). Una norma que se cumple a la perfección y con mucho respeto hacia los demás. Creo que esa es la gran diferencia que muestra un país desarrollado como este y por eso lo destaco tanto. El día a día ha sido entretenido, damos tareas a los niños tanto con sus estudios como con las labores de la casa, tratando de MARÍA JOSÉ FERNÁNDEZ Londres, Inglaterra Creo que el respeto hacia los demás es la gran diferencia que muestra un país desarrollado como este y por eso lo destaco tanto”. mantener un horario de estas actividades, aunque hemos teni- do que lidiar con el uso indiscriminado de tiempo en pantallas y juegos electrónicos. Pero aunque nadie estaba preparado para esto, nos hemos adaptado bien a la situación y creo que hemos estado más unidos que nunca como familia. A los niños les comentamos lo positivo que ha sido esto para el planeta, en el aspecto del calentamiento global, desconta- minación de las aguas, polución, protección de animales, etc. Como nunca hemos realizado video conferencias masivas con nuestras familias, algo que nunca habíamos hecho, más allá de los llamados telefónicos con cada uno. Han sido largas con- versaciones, carcajadas y anécdotas. Cada uno cuenta su ex- periencia, incluso con un cuñado que cuenta las suyas desde Ecuador, hasta con una copa en la mano como si estuviéramos todos en el mismo lugar, tratando de ver el lado positivo de lo que está pasando. Veo el futuro con optimismo. Estoy convencida de que hay gen- te muy capaz que podrá encontrar una cura para este virus, es cosa de tiempo. Y estoy segura de que se obtendrán cosas muy provechosas para toda la humanidad de este tiempo en cuarentena. Va a servir para darnos cuenta de que hay cosas más importantes que el trabajo, la economía o el consumismo, como son la salud, la familia, y el respeto. Si aprendemos a respetarnos entre todos, estoy convencida de que podríamos generar grandes cambios. Y si podemos optimizar nuestro tiempo en el trabajo y disfrutar más los momentos en familia, sería genial ¿o no? Cuando acabe todo esto me gustaría retomar ciertos proyectos familiares y continuar con las actividades de siempre, pero de manera más pausada, sacando un poco el pie del “acelerador”.
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