Concepcion marzo 2018
Nos desplazamos luego a Timphu, la capital, habitada por alrededor de sesenta mil personas. Todas las ciudades cuentan con una fortaleza, que es el edificio principal de la ciudad, usualmente de unos cuatro pisos de alto y al menos setecientos años de antigüedad. En su interior se ubican, al mismo tiempo, las oficinas administrativas de la ciudad y un monasterio; así, conviven en ellas funcionarios ataviados con sus trajes típicos y monjes de distintas edades. Todo en ellas sorprende, desde su arquitectura hasta sus pinturas en paredes, pasando por los cantos de los monjes; todo muy bien cuidado y resguardado, y todo muy bien controlado para su protección. En el caso de Timphu, la fortaleza data del año 1362. Visito también Punakha, la antigua capital, y otras ciudades menores como Gantey, Trongsa, Wangduephodrang. Cada una tiene su encanto, cada una tiene su fortaleza. Todo el paisaje en esta áera es boscoso, abrupto. Afinando el ojo se ven monos deambulando entre lo árboles y muchas aves. Hay bastantes animales en Bután, pero el animal típico del reino es el takin, propio de este lugar, y que es bastante extaño. Nuevamente, la mejor explicación viene de mi guía: “lo que pasa es que el takin fue creado así: al santo tibetano Drukpa la gente le pidió un milagro y él, a cambio, pidió de comer una vaca y un carnero enteros; después de comérselos juntó todos los huesos y les dio vida y así nació el takin”. Observándolo, la historia parece bastante creíble. Es usual oír esta clase de historias en Bután; no son leyendas, son historias. El Gurú Rimpoché nació, sin padre ni madre, a los ocho años dentro de una flor de loto (recordemos que el mismo Rimpoché llegó volando montado sobre un tigre al Nido del tigre). Drukpa creó al takin. Todos los puentes lucen banderas de oración, “para que sus mantras entren en el agua y beneficien a todos los seres vivos que viven en ellas o se aprovechen de ellas”. #FOTO reportaje bután
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