Concepcion marzo 2018

La originalidad no se queda ahí: Bután es un país orgánico. La agricultura prescinde del uso de químicos y pesticidas, y se procura reutilizar los desechos. Se mantiene todo muy limpio y se incentivael reciclaje. Lacomidaesprincipalmente arroz, papas, huevos y verduras. Y pollo. Cuando pregunto cómo siendo un país budista comen pollo, mi guía zanja la duda de forma categórica: los comemos, pero no los matamos. Los matan en la India y nosotros los importamos. ¡Somos budistas, no podemos matar! Tengo que admitir que la lógica es implacable. El único aeropuerto se encuentra en la ciudad de Paro, donde aterrizo no sin algún sobresalto, pues la pista es bastante corta y se encuentra rodeada de cerros (recordemos que Bután se encuentra en medio de los Himalayas, la cadena montañosa más alta del mundo). En las cercanías de esta ciudad, y prácticamente colgando de una montaña rocosa de paredes verticales, visitamos Taktsang, El Nido del Tigre, acaso el templo más conocido del reino. Cuenta la historia que su constructor y fundador, Guru Rimpoché, llegó montado en un tigre volador (de ahí el nombre) y erigió el templo en este lugar casi inaccesible, por sobre los 3.000 mt. Está dividido internamente en nueve recintos, donde se pueden apreciar (y eventualmente participar) ceremonias budistas de cantos y rezos; aprovecho además de tomar y rociar mi cabeza con agua bendita (nunca está de más). Y antes de irme, bajo por estrechos pasadizos y escaleras de madera a una cueva donde se realizan retiros de oración y que es, ni más ni menos, el nido del tigre.

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