Viña junio 2018

En abril del 2016 se terminó de construir la casa. No tenía piso, ni baños, ni cocina. “En un princi- pio los talleres se hacían dos veces a la semana. Como todavía no contábamos con agua ni elec- tricidad, los niños tenían que ir al baño de sus casas. Todo era muy precario”. Gracias a nuevas donaciones —esta vez de la Fundación Careno perteneciente a los Luksic—, se pudieron termi- nar los baños, la cocina y realizar las instalacio- nes eléctricas. En paralelo postularon a un con- curso en Santiago de la Fundación Colunga de Innovación Social que les permitió armar el pro- yecto con metodología y propósito, además de poder contratar a profesionales de planta. ¿Qué ha sido lo más difícil? Meternos en el área de educación y sicología que el proyecto implicaba. Nosotros somos puros arquitectos que nos involucramos pensando un poco en la infraestructura comunitaria y en el déficit que existe de espacios para niños. Tuvimos que aprender sobre la marcha, tuvimos que asesorarnos, ver cuál era elfocoquelequeríamosdar,cómomanejábamos los casos difíciles de conductas. Y eso fue muy duro al principio. Creemos que es un proyecto que debiese aplicarse como política pública. El impacto que tiene es notable y genera un cambio muy relevante tanto en la comunidad como en los niños. Pero para poder presentarlo a cualquier institución de gobierno necesitamos tener datos duros”. ¿Cuánto necesita la Ludoteca para funcionar? Doce millones de pesos al año. ¿Qué son doce millones para una empre- sa?, ¿para el gobierno? Si tuviéramos diez Ludotecas funcionando, serían ciento veinte millones de pesos. ¿Sabes cuánta plata bota el gobierno en proyectos que quedan ahí y que no se visibilizan? Ayer en un almuerzo me decían “si cada uno de nosotros donara diez mil pesos al mes y fuéramos cien socios, con ese millón mensual podríamos mante- ner la Ludoteca. Si los jóvenes donaran un par de piscolas al mes, esta- rían ayudando a una causa que cambia vidas. Pero hoy en día la juven- tud no está ni ahí. No les interesa. EL ORIGEN Lo que partió como una construcción puntual de una casa en el cerro luego del incendio, se convirtió en algo mucho más grande. Como cada vez que hay una catástrofe en nuestro país, llegaron muchos recursos, donación de materiales y una red de voluntarios infinita. Y lo que se planificó como un proyecto de un mes se extendió por un año. “Fueron los niños los que nos pidieron que nos quedáramos. Después de un año de hacerles talleres en las tardes, mientras reconstruíamos su entorno, nos dimos cuenta de que habíamos abierto un nicho donde el juego y el reciclaje ya formaban parte de sus vidas. Debido a la carencia de espacios públicos en los cerros, los niños no tenían dónde jugar”. Pero instalar un espacio orientado a los más pequeños no fue nada fácil. La construcción donde se emplaza la Ludoteca fue una de las ganadoras del Concurso Construye Solar en el Parque O’Higgins el 2015. Durante un año la casa durmió en un contenedor, mientras Carolina y Antonia, junto a un gran equipo detrás, buscaban los permisos, el terreno y las lucas nece- sarias para poder construir la Ludoteca en el Cerro La Merced. Gracias a una campaña de crowfounding internacional lograron levantar ocho millo- nes de pesos para su instalación. “Esa campaña fue muy buena, tuvimos donaciones hasta de Santiago Calatraba (famoso arquitecto catalán)”. 34 tell. cl

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