Viña mayo 2018

Moby Dick y otras historias despertaron su amor por el mundo marino. Nacido en Santiago y radicado en la Región de Valparaíso desde 2004, se ha dedicado a explorar los restos de naufragios de barcos del siglo XIX, que abundan en sus aguas. Desde Arka y Arqmar, iniciativas de investigación que encabeza, y secundado por un equipo multidisciplinario, espera potenciar al puerto como referente regional en el área del Patrimonio Cultural Subacuático. Por Francia Fernández P. / Fotografía Mariela Sotomayor y gentileza de Diego Carabias. Patrimonios sumergidos “ La gente lo ve a uno como una mezcla de Indiana Jones con Jacques Cousteau”, dice Diego Carabias (41), arqueólogo marítimo que, junto con los equipos que lidera en la consultora Arka Arqueología Submarina y el Centro de Investigación en Arqueología Marítima del Pacífico Sur Orien- tal, Arqmar, de Valparaíso, se dedica a investi- gar restos arqueológicos sumergidos en las costas chilenas, desde 2005. En realidad, todo comenzó mucho antes. Nacido en una familia santiaguina de ascenden- cia europea, como el hijo mayor de un ingeniero forestal y una arquitecta, Diego creció fascina- do por la imagen de Moby Dick y los libros de aventuras del italiano Emilio Salgari. También pasó sus vacaciones en Algarrobo, sumido en el paisaje marino. A los dieciocho años deci- dió formarse como buzo profesional, a la par de ingresar a arqueología en la Universidad de Chile. “Siempre tuve la idea de juntar estos dos mundos: la arqueología y el mar, algo que no es- taba desarrollado en Chile y que para mí tenía potencial”, comenta en su oficina de ARKA, en el Puerto Deportivo de Valparaíso, de Muelle Barón, el primer centro náutico público de Chile. Cuando se tituló, en vez de partir a Barcelona a hacer un doctorado, se fue quedando en Chile, por diferentes proyectos. “Y como estaba ena- morado del mar, empecé a viajar a Valparaíso, Diego Carabias arqueólogo marítimo 55 tell. cl por trabajo, hasta que me radiqué, en 2004”. También se casó y tuvo dos hijos con la conser- vadora Carla Morales. Actualmente, vive con su familia en Concón. Chile tiene más de 4.200 kilómetros de costa continental. ¿Cuántos arqueólogos submari- nos hay? Unos cinco. En 2001, yo di el primer electivo en la Chile. Que los especialistas sean escasos, tiene que ver con un tema cultural: el acceso al mar en Chile es muy restringido. Si quieres hacer kayak o buceo recreativo, normalmente tienes que ser socio de un club privado. La pasión por rescatar un pasado desde el mar, para contar una historia con un soporte científico, es algo que Carabias y sus colabora- dores —antropólogos, biólogos, conservadores, geólogos, ingenieros— comparten. Sus objetos de estudio van “desde temas antiguos, como la prehistoria, hasta pecios o restos de embar- caciones naufragadas, de tiempos coloniales, republicanos e industriales”. De los quinientos hundimientos referenciados en Chile, en Valparaíso —donde, hasta hoy, los temporales de viento norte empujan los barcos contra la playa— se concentran unos cien, de los cuales se han estudiado cuarenta y excava- do apenas veinte. Otros siniestros valiosos se registran desde Chiloé y a través del Cabo de

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