Viña abril 2018

80 tell .cl Todo comenzó con la tragedia de los treinta y tres mineros y el derrumbe de la mina San José, el 2010. Mauricio miraba el televisor, veía cómo distintas marcas se promocionaban mandando productos, pero sentía que no eran de verdadera ayuda. Así se le ocurrió que ellos podían contar con una tela antibacteriana, como primera capa, que los protegiera de las enfermedades y comenzó su investigación hasta llegar al cobre. “Este trabajo y esfuerzo de años no ha sido sólo mío, si bien soy el que pelea los permisos y con la burocracia; investigo, me consigo el apoyo financiero del Estado, quién arma y desarma las máquinas… detrás de esto hay un esfuerzo familiar y quien hace los prototipos de productos y va buscando desarrollar nuevas aplicaciones es mi padre, Oscar Silva. Además, mi hermano David ha sido un apoyo fundamental en la traducción de patentes y cartas internacionales. Ellos creen en mi trabajo y vamos avanzando juntos en este desarrollo”. CONTRA VIENTO Y MAREA El 2008, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), aprobó al cobre como el único material natural antibacteriano. Estudio que, años más tarde, le dio a Mauricio el respaldo de que esa iba a ser su materia prima. “Se gastaron millones de dólares para validar, hacer estudios, evaluaciones y seguimientos con las empresas productoras de cobre —entre ellas Codelco—, pues detectaron que iba a bajar la demanda a nivel mundial y empezaron a invertir y a buscar nuevos usos”. En ese tiempo, salieron al mercado los famosos calcetines con cobre, pero estos venían con un derivado de sales que se incorporan dentro de las fibras del tejido. Investigando, Mauricio encontró que estaban patentados por un israelita en Estados Unidos y que en Chile los habían copiado con ciertas modificaciones. “Con una salmuera, la tela capta las propiedades del cobre, pero luego de varios lavados desaparece. Aquí otra empresa le agregó también zinc, pero básicamente es lo mismo. Por eso, para validar mi producto, hicimos análisis de laboratorio y comprobamos que al décimo lavado estos calcetines se volvían comunes y corrientes. En nuestro subconsciente, y sobre todo como chilenos, está el concepto de que el cobre es bueno, el tema es usarlo correctamente”. ¿Cuánto te demoraste en el desarrollo? Alrededor de tres años. Tuvimos millones de trabas en el camino, pues el “no se puede” fue la respuesta que nos dieron muchos empresarios y entidades públicas. Lamentablemente, los chilenos somos muy reacios a lo nuevo y peor si es producto nacional. Preferimos el producto extranjero… Exactamente, me ocurrió con el presidente del directorio de una gran clínica, al cual le ofrecí la posibilidad de probar nuestra tela ya certificada, Mi invención es la aplicación novedosa de este metal, pues no son sales minerales añadidas a la tela, sino que hilos de cobre puro que no se deterioran con el uso ni el paso del tiempo”.

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