Viña marzo 2018

Bolonia, donde vivimos. Nuestra apuesta era justamente generar algo en un lugar que nunca lo había tenido y qué mejor que una librería. Llegamos muy ilusionados con eso. ¿De dónde viene el nombre Una Casa de Cartón? Lo tomamos de una canción de un poeta andaluz, que habla de sueños alcanzables y de cosas simples. Nos gustó, porque representaba muy bien el proyecto que estábamos formando en estos tiempos de tanta pedantería. ¿Cuál es el criterio para elegir los libros? La calidad, los contenidos, el apoyo a editoriales independientes, tanto chilenas como extranjeras. Buscamos, en catálogos interminables, aquello que queremos tener en la librería como propuesta diferenciadora. Cada libro está aquí por alguna razón. Además estamos atentos a las temáticas interesantes que se relacionan con lo local, entonces tratamos de tener todo de Gastón Soublette y Andrea Maturana, autores destacados en sus áreas y que viven acá. ¿Qué ha sido lo más desafiante? Mantener la motivación y seguir creyendo en lo que hacemos y cómo lo hacemos. Sobre todo cuando te ves enfrentado a un público que no lee tanto como debería y que le cuesta mucho participar de las actividades culturales que en general se proponen. Hay personas que teniendo para pagar un libro original prefieren el pirata y nos reclaman por la diferencia de precio. ¿Derogarías el impuesto al libro? El impuesto al libro debiera ser más bajo o al menos debiera existir, como en otros países, el impuesto diferenciado para la cultura. ¿Cómo incentivar la lectura? La mejor manera es ofrecerles a los niños libros bellos, predicar con el ejemplo, entender la lectura como algo divertido, generar los espacios y los tiempos adecuados para ella. Un libro o álbum ilustrado puede leerse muchísimas veces y eso les encanta a los niños. Se puede partir hasta con quince minutos al día. A fines del año pasado participaron en la primera feria internacional del libro de Valparaíso, FILVA17, con fuerte presencia de editoriales indepen- dientes. El impuesto al libro debiera ser más bajo o al menos debiera existir, como en otros países, el impuesto diferenciado para la cultura”. otras vetas del diseño social. Pero después de cuatro años los pilló la crisis y decidieron volver. ¿Por qué Limache? Nos encontramos con un Viña muy colapsado y el estilo de vida no se ajustaba a lo que buscá- bamos para nuestros hijos: un lugar más tran- quilo y donde hubiese mucho por hacer. Ade- más, influyó bastante el hecho que aquí está el colegio Waldorf, donde estudian Horacio (14) y Guillermo (6). El primer paso fue la creación de la editorial para poder desarrollar Había una vez un libro , que era un libro de actividades multilingüe. Ya instalados en las tierras del famoso “tomate limachino”, comenzaron a asesorar colegios para implemen- tar bibliotecas de aula y a realizar talleres de fomento a la lectura para profesores. Luego de un año de adaptación y mientras hacían su defensa de tesis, se adjudicaron dos fondos del libro: uno de edición para La famosa (y secreta) receta de papá , de la ilustradora Joanna Mora —cuyos premios internacionales le otorgaron visibilidad mediática a la editorial—, y otro para la creación de una librería. Un sueño que traían desde Europa. ¿Por qué una librería? En el extranjero adquirimos el hábito, como fami- lia, de comprar libros, de ir a las bibliotecas, a actividades culturales y sociales que hacían muy rica la relación cotidiana con los libros, y cuando volvimos, primero a Viña y después a Limache, nos dimos cuenta de que había muy poco de todo eso. Vimos en el fondo que se abría, y que ganamos, una buena oportunidad de poder acti- var iniciativas como las que habíamos visto nacer y desarrollarse en lugares como Madrid o 35 tell .cl

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