Viña marzo 2018

mundo —la Universidad de Bolonia— le atraía como un imán. Y se embarcó en un viaje junto a su marido, el filólogo Sebastián Arellano y su entonces pequeño hijo, Horacio. ¿Qué aprendiste en Italia? La eficiencia, el gestionar proyectos y trabajar en equipo. Tuve la suerte de realizar mi práctica en el estudio de diseño Chialab, encargado de reali- zar toda la gráfica para los museos, la Feria del libro infantil y de la sala Borsa (biblioteca munici- pal). Me gustó el diseño cultural y social. Allá las asociaciones culturales acogen e integran a los inmigrantes a través de diversas actividades con los niños y sus familias. De hecho, el primer libro que publicamos con una amiga italiana – Había una vez un dibujo– , surge de esa experiencia. En Italia postularon a Becas Chile y ganaron una pasantía en la Universidad Complutense de Madrid para continuar sus estudios y profundizar Karima está segura que quince minutos de lectura diaria pueden hacer la diferencia. B ajo el alero de la Fundación Lumbre abrió la primera librería limachina: Una Casa de Cartón. En sus estantes hay poesía, claro. Hay narrativa, ciencias, sabiduría. Pero el plato fuerte son los libros ilustrados infantiles. Los llamados libros- álbum, “que tienen una lectura bien abierta. Siempre les digo a los papás que si quieren fomentar la lectura en sus hijos deben partir por mostrarles libros bellos, con una historia entretenida, con dibujos lindos. Es la única manera. El hecho de tener un libro en la mano ya te acerca a la lectura. Por ahí se empieza”. ¿Tú empezaste por ahí? Sí, si bien es cierto que en esos tiempos no existían libros como los que ahora se pueden encontrar en librerías y bibliotecas, me acuerdo de algu- nos como Doña piñones, Negrito zambo o El rabanito que volvió. Con mis hermanos los leíamos una y otra vez. En esa época nuestros padres nos llevaban a la feria del libro de Viña y a una librería que había en el centro. Nos pasábamos la tarde ahí. La adolescencia de Karima estuvo marcada por escritores de la talla de Cortázar, García Márquez y Borges. “Me encanta leer, pero no siempre encuentro todo el tiempo que quisiera para hacerlo. Trato de leer al menos una novela al mes, leo muchos libros infantiles que llegan a la librería, unos veinte mensuales por lo menos, y también en casa con mis hijos; primero lo hacía con mi hijo mayor y ahora con el pequeño, vamos leyendo y rele- yendo su biblioteca”. ANTES Antes de su apuesta con la librería, antes de vivir en Bolonia y Madrid, Karima estudiaba diseño gráfico en Viña del Mar y el ser librera y tener una editorial simplemente no estaba en sus planes. Pero el destino dijo otra cosa. Ya casada, postuló a un máster en Gestión de Diseño en Italia, un poco como aventura, otro tanto, porque el diseño italiano era otro mundo y la impronta de estudiar en una de las universidades más antiguas del 34 tell. cl

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