Viña Enero 2018
¿Cuál es el destino que más te ha marcado? Liberia. Por culpa de la guerra hay una generación que no tuvo infancia, que creció sin estimulación temprana y como resultado tienen dificultades de desarrollo del pensamiento crítico y de la capacidad analítica. Recuperar ese tiempo perdido cuesta mucho y a veces no se consigue. Y eso para mí es súper heavy porque se trata de una buena parte de una generación que ha perdido muchas oportunidades en la vida. Lo que yo vi al principio es que la gente a veces te engaña, porque como no sabe si te va a ver mañana, te saca provecho hoy día. El construir relaciones, el pensar más a largo plazo y plani- ficar son conceptos muy nuevos para ellos, y a la vez un trabajo muy lindo. ¿Qué ha sido lo más desafiante? Aprender a sacarme los prejuicios con los que uno crece y eso es parte de un proceso personal. Me ha costado abrirme a otras culturas, a otras for- mas de vida, aunque mi mamá diga que soy muy relajada. ¿Adoptarías? Me lo he preguntado, pero no es tan fácil que le den un niño en adopción a una mujer soltera, aunque sepas que le vas a dar una mejor calidad de vida. En Liberia estaban congeladas las adopciones internacionales por el tema del tráfico infantil y en Mozambique tampoco se dio. ¿Hay un tiempo de preparación entre un lugar y otro?, ¿te hacen algún tipo de inducción? En UNICEF, cuando compites por un puesto, te piden hacer una reflexión importante sobre las razones por las cuales estás postulando, por qué te interesa el puesto y qué es lo que tú puedes ofrecer. Eso es bien personal y siempre he investigado antes de aplicar a un nuevo puesto de trabajo. ¿Cuál fue tu análisis con respecto a Irak? Hace rato que quería ir al Oriente Medio, sobre todo porque hay muchísimo por hacer, porque hay muchos niños que necesitan ayuda y es donde yo siento que puedo hacer una diferencia, sobre todo porque estoy sin la carga emocional que te dejan los lugares en emergencia. Cuando salí de Liberia estaba muy estresada, muy cansada, en cambio Mozambique era un lugar más tranquilo, más “normal”, más relajado. A donde voy, Erbil, hay mucha gente que viene escapando de conflictos armados desde distintos lugares. Es un lugar con mucha historia, muy interesante, con cinco mil años de asentamientos humanos. ¿Tienen apoyo sicológico? Tenemos, pero siempre se necesita más. Ese apoyo se traduce en apoyo directo del staff counselor, terapias sicológicas fuera de la organización y sesiones colectivas, que son muy necesarias. Por ejemplo tras el ataque a la oficina de UNICEF en Somalia, hubo varios compañeros de trabajo que murieron o quedaron heridos, entonces se hizo necesario el apoyo sicoló- gico in situ y hay gente dentro de la organización que está dedicada espe- cialmente para ello. ¿Cuál es tu sueño? Seguir trabajando con UNICEF y, eventualmente, desplazarme de área y trabajar en forma directa en el desarrollo de políticas públicas. Liberia es un lugar donde la gente tiene mucha voluntad de vivir, a pesar de convivir con la muerte a diario. Cuando es año nuevo ellos celebran que están vivos. I’m not death! , gritan corriendo a la calle. It’s new year, I’m not death!”. Ahí tuvo malaria, tifus e infecciones intestinales varias, pero marcó su vida. “En Liberia me sentí súper a gusto. Si bien era un destino por tres años, terminé quedándome cinco. Fue un traba- jo personal muy interesante, donde aprendí a vivir con la ropa que te cabe en el clóset. La mayoría de las personas que conocí había expe- rimentado la guerra. Por ejemplo, la chica que trabajaba conmigo me contaba que había cami- nado desde la capital hacia Guinea con sus hijos en brazos. Unos doscientos kilómetros a pie cargando niños, imagínate”. ¿Qué te llamó la atención? Los liberianos tienen una relación con la vida y la muerte bastante interesante, muy peculiar, por- que la viven a diario. Nosotros teníamos un compañero de trabajo que un día se enfermó del estómago, fue al hospital, no lo atendieron y murió en la sala de espera. En el certificado de defunción pusieron que había muerto de infla- mación abdominal. No hubo autopsia. ¿Qué te quedó en la retina? Es un lugar donde la gente tiene mucha voluntad de vivir. Cuando es año nuevo ellos celebran que están vivos. I’m not dead! , gritan corriendo a la calle. It’s new year, I’m not dead! Luego de Liberia, decidió tomarse un año sabáti- co y partió a París, donde se apuntó en un MBA para actualizar sus conocimientos en finanzas y gestión. Pero le duró poco. Una conversación con sus padres la hizo considerar otras oportunida- des como la que surgió en Mozambique. Postuló y quedó seleccionada. “Son etapas en la vida en que te cuestionas todo y te preguntas qué estoy haciendo acá. En mi caso descubrí que todavía me llamaba la misión de UNICEF”. ¿Cuál era esa misión? Asegurar las mejores oportunidades para todos los niños del mundo. ¿No es un poco ambicioso? Tiene mucho de utopía. Es una forma organizada de soñar. Trabajar en UNICEF en cierta forma me permite devolver la mano a todo lo que he recibi- do en la vida, porque la mía podría haber sido muy distinta. Mis padres adoptivos son los que me amaron, criaron y educaron. Gracias a ellos soy lo que soy. T 41 tell .cl
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0