Viña Enero 2018
Hace veinte años cantaba ópera y trabajaba en un banco, pero las vueltas de la vida y su propia historia de adopción la llevaron a formar parte de UNICEF. Chile, Panamá, India, Liberia y Mozambique han sido algunos de los destinos en los que ha dejado huella y un montón de amigos que, lejos de casa, se convirtieron en familia. “Trabajar en UNICEF, en cierta forma, me permite devolver la mano a todo lo que he recibido en la vida, porque la mía podría haber sido muy distinta”, revela en su breve paso por Chile, antes de partir a una nueva misión, esta vez en Erbil, la cuarta ciudad más grande de Irak. Por Macarena Ríos R. Choque Marcela Madero jefa recursos humanos UNICEF E l día de la entrevista coincide con su cumpleaños número cuarenta y siete. Dulce, de risa fácil, resulta extraño saber que le cuesta hablar en público, sobre todo por su trabajo, que supone dirigir equipos y reclutar personal, entre otras tantas tareas, propias de recursos humanos. Pero así es Marcela —viñamarina, exalumna del Saint Margaret’s, ingeniera comercial de la UAI—, una caja de Pandora que habla cinco idiomas, que ganó una beca en la Escuela Moderna de Música y que estudió Antropología en la Universidad de Chile como una forma de prepararse para lo que le tocaría vivir en UNICEF. Estamos en un piso diecinueve que mira al mar. Como cada año, está de visita en la casa de sus papás. Aprovecha las fiestas de fin de año para estar en familia y dejarse querer. “Yo ando por el mundo con dos maletas, mi bicicleta y cuatro baúles de madera. Ese es mi equipaje cuando me mudo de un lugar a otro”. ¿Por qué decidiste postular y partir a otros países? UNICEF está muy interconectado, cuando estás dentro tienes acceso a mucha información, y te enteras de muchas cosas que pasan en el mundo. Paralelamente, a mí siempre me ha gustado viajar, conocer otras culturas, no como turista, sino para convivir con la gente y conocerla desde otro ámbito. Además, sentí que después de cinco años en Chile, era el minuto de aprender sobre otras realidades creciendo profesionalmente. Y apareció Panamá. Durante cuatro años tuvo que viajar bastante, dado su puesto en la oficina regional que cubría toda América Latina y el Caribe. Costa Rica, República Dominicana, Cuba, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Honduras, Argentina, México. Los países se fueron sucediendo uno tras otro, cada cual con sus historias y matices, pero dice que el que más le impresionó, lejos, fue Haití. “Me asombró la energía de la gente, la frontalidad para decir las cosas y su marcado nacionalismo. De hecho, a todos los que no son haitianos y que vienen de otros países, aunque sean de color, les dicen blanc ”. 39 tell .cl
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