TELL MAGAZINE SEPTIEMBRE 2022

34 tell. cl U na entrevista que leyeron en una revista fue la punta de lanza para que Jaime De la Horra y Francisca Aspillaga se cuestionaran el tema. En ella explicaban lo que significaba convertirse en Familia de Acogida y de lo importante que era “salvar” a los niños, antes de que fuera demasiado tarde y llegaran a una residencia de Mejor Niñez (ex SENAME). “Es más fácil criticar que los procesos de adopción son lentos, que el sistema está viciado, que hacer algo real”, dice Jaime con la pequeña María (su nombre fue cambiado para reservar su identidad) en brazos. ¿Qué les parece si abrazamos este proyecto y nos convertimos en Familia de Acogida?, les preguntaron a sus cuatro hijos. “Todos engancharon altiro y partimos el proceso en María Acoge, una de las instituciones pertenecientes a la red de la FAE (Familias de Acogida)”, recuerda. Corría el año 2018. Cuando sufres por amor, con la convicción de que hiciste el bien, de que ayudaste al otro, se te devuelve la mano infinitamente”. Hacía tiempo que la veta social se había impregnado en ellos. Jaime, como director de la Fundación Las Rosas, y el voluntariado de Francisca en un hogar de niños, los acercó a realidades duras y complejas. Era hora de hacer algo. De hacer algo real. El proceso de inducción duró seis meses. Los involucró a todos como grupo familiar. Hubo entrevistas, charlas, visitas con sicólogos y asistente social. También dudas y preguntas. Pero, sobre todo, la certeza de que había que devolverle la mano “al de arriba” y transformarse en una vía alternativa antes de que los niños entraran al sistema de residencialización. “Y ahí apareció Maxito”, dicen a coro. Francisca recuerda: “Tenía unos cuatro meses, era un gordo delicioso que venía con el

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