santiago Diciembre 2017
A Andrea los días se le hacen cortos. Cortísimos. Exigente y estricta por deformación profesional, al momento de esta entrevista, está de cabeza ensayando el ballet Etudes , la séptima función de su escuela que mostrará el próximo 23 de diciembre en el Aula Magna de la Universidad Técnica Federico Santa María, en Valparaíso. A estas alturas, un clásico para fin de año. No solo está a cargo de la coreografía, sino que del vestuario, su diseño, la edición de la música, la pauta de luces y todos los detalles e imprevistos de última hora que tienen las funciones de ballet. Y, como se lo inculcaron desde niña, todo tiene que salir perfecto. “Muéstrenme un piqué”. Sus ojos celeste agua no pierden de vista movi- miento alguno de sus alumnas mientras ensayan. Giros, saltos. Piernas y brazos parecen tener vida propia, efectuando movimientos gráciles, preci- sos y fluidos bajo su atenta mirada. “El ballet es perfecto. Su técnica es perfecta. Hay una sola manera de hacer un paso, no hay dos y esa forma tiene que ser perfecta”, me dirá más adelante, frente a un café. En la cuarta versión de “Santiago Danza Joven 2017”, la Escuela de Ballet Andrea Aedo, no solo obtuvo diez premios, sino que además se le otorgó un reconocimiento como “Mejor Maestra”, y con él una beca del American Ballet Theater (ABT) de Nueva York para acceder a su programa de entre- namiento para maestros de alto rendimiento. Un espaldarazo, luego de siete años de entrega y trabajo. Pero Andrea, la exbailarina del Municipal que se codeó con grandes como Marcela Goicoechea y Luis Ortigoza, acos- tumbrada a los continuos viajes y giras, lo toma con humildad. “Es un lindo reconocimiento. Siempre he intentado ser bajo perfil, porque en el mundo del ballet hay mucho ego y eso le hace muy mal al ambiente, aleja y lo que yo siempre he querido es acercar este mundo a la gente”. “Traigan las barras”, pide con suavidad. La música envuelve el ensayo. Esta vez se escucha un adagio. Las bailarinas ejecutan primera posición, segun- da posición, tercera posición. “Mi enseñanza siempre es contra el tiempo, porque yo no las tengo todos los días como en la mayoría de las academias extranjeras”, comenta. EN DEHORS “La carrera de ballet es muy desconocida y súper absorbente. Yo no tuve adolescencia, mi mundo era el ballet y mi norte era llegar a formar parte de la Compañía de Ballet del Teatro Municipal como bailarina”. ¿Eras feliz? Absolutamente, en ningún momento sentí el peso de dejar cosas de lado por esta pasión que me llenaba. ¿Por qué el ballet? Yo tenía siete años y en ese tiempo estudiar ballet estaba de moda, pero en el colegio me dijeron que no tenía condiciones. Fue mi abuela, quien era cantante lírica del Teatro Municipal, la que instó a que me llevaran al Teatro Municipal para audicionar. ¿Qué miden las audiciones? Condiciones físicas como la elongación natural: un determinado pie, una determinada forma de pierna. El pie tiene que tener una curva para que después, el día de mañana, ellas logren subirse a la punta. En el ballet hay algo que es muy importante y es que tienen que ser en dehors, es decir, tienen que tener rotación en sus caderas hacia afuera, por eso se paran como pingüinos. Años atrás se descubrió que las piernas solo suben si están rotadas hacia afuera. Por eso cuando llegan a audicionar niñas que son natu- Mi enseñanza siempre es contra el tiempo, porque yo no las tengo todos los días como en la mayoría de las academias extranjeras”. 34 tell. cl
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