Santiago Octubre 2017

y estás contenta, te llenas de energía. Por eso les digo que quiero que descubran su propia montaña. Puede que sea en un escritorio, nadando o andando en bicicleta, pero tiene que ser algo hecho con pasión. ¿Cómo compatibilizas tantos viajes con una familia grande? Yo podría pasar todo el día en el cerro, pero siempre cuido los espacios familiares. Soy capaz de levantarme mucho más temprano o de entrenar en horarios que no interrumpan la vida familiar. ¿Y no tienes miedo? En este deporte no cabe el miedo. Piensa que, generalmente, en las carreras de ultra corres mucho de noche, entonces hay un momento en que te quedas sola. Con miedo sería muy difícil salir. Normalmente tengo que entrenar sola porque ¿quién te va acompañar a subir los cerros?, ¿quién te apaña en correr veinticinco kilómetros? ¿Y de dónde sacas esa valentía? El mismo deporte te la da. Llegas a un nivel de conocimiento de ti misma muy grande, porque en la montaña aparecen todos tus demonios y todas tus virtudes y tú decides qué tomar. Uno se aprende a conocer muy bien. El trabajo de conectarse a concho con uno constantemente te hace crecer y entender un montón de cosas que son vitales. Daniela piensa que se ha mejorado mucho el nivel de este deporte en nuestro país. Ella misma cuenta con los auspicios de Compressport Chile y Altra Running, y ve como cada vez se encuentra con más compatriotas en sus viajes, pero cree que tenemos las condiciones naturales para ser líderes en la disciplina. “Yo no entiendo por qué los argentinos nos ganan. Ellos entrenan en la subida de los puentes y nosotros teniendo las montañas que tenemos, muchas veces no estamos a ese nivel. Tenemos un jardín natural maravilloso. Todas estas montañas, todos estos parques que nos rodean, son un auténtico privilegio” dice. ¿Y crees que puede ser asequible para todos? Lo único que tienes que tener son unas zapatillas de montaña. Lo que sí, hay que partir de a poco porque el cerro es duro. Pero una vez arriba, en la cumbre, te sientas y observas, y es todo tan pequeño a tu alrededor. Todo parece más simple. Hace bien para la cabeza también… Al hacer deporte de montaña le tomas más conciencia a la vida diaria. Piensas: ¡Llegué acá corriendo!, y miras para los lados y ves toda la cordillera. ¡Es impresionante! La vida se hace más simple, te enrollas menos y aprecias las pequeñas cosas, entonces cuando bajas y llegas a tu casa, ves lo cotidiano… y simplemente eres más feliz. Cuando son largas distancias entiendes que el cuerpo llega a límites de los que te puedes sobreponer. Y esas son sensaciones increíbles. Es, además, un deporte muy libre. Te detienes, te sientas en una roca, miras el paisaje. Es muy relajado”. 43 tell. cl T

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