Santiago mayo 2018

24 tell. cl Desastres naturales y patrimonio Por Eliana Urrutia Méndez, Académica Facultad de Ciencias de la Educación, , Universidad San Sebastián ARCHIVO histórico H ace unos días, un grupo de historiadores y profesionales ligados a las comunicaciones presentaron el sitio web País Vulnerable, espacio vir- tual “que busca dar cuenta de investigaciones de catástrofes históri- cas basadas en los cuatro elementos, la tierra, el agua, el fuego y el aire, y que pueden ayudar a tener una visión de cómo suceden los hechos para llegar a ser catástrofes”. Testimonios documentales e iconográficos han dejado huella de tan destructi- vos eventos, mismos que hoy forman parte del patrimonio nacional, pero tam- bién de la fuerza de quienes tuvieron la tarea de reconstruirlo. El 13 de mayo de 1647, un evento telúrico transformó la imagen de Cristo cru- cificado de los padres agustinos en un referente simbólico de dicho desastre. El Señor de Mayo, como ha sido llamado, fue un testigo silente de los estragos ma- teriales y humanos que quedaron. Su duración (tres a cuatro minutos), su mag- nitud y alcance (450 kilómetros) tuvo consecuencias muy severas “que sonmás de 80 leguas sin dejar templos, conventos ni edificio que no asolase y derriba- se”, señalaba Miguel de Lerpa. Los relatos nos indican, además, que la ciudad de Santiago se transformó, por algún tiempo, en una suerte de campamento. El impacto sobre la población fue profundo, sin embargo, en medio de la deso- lación, la muerte y la devastación, la figura sangrante de aquel Cristo recorrió en procesión dando auxilio espiritual y constituyendo un rito presente hasta nues- tros días y que se ha transformado en parte del patrimonio material e inmaterial de la ciudad de Santiago. Muchos otros eventos sísmicos han marcado la historia de la ciudad de Santia- go y de todo el país, poniendo en riesgo la vida de las personas, destruyendo y reconfigurando el paisaje y el patrimonio que lo constituyen, pero también dan- do ejemplo notable de resiliencia y creatividad que se han plasmado en más y mejores estándares de calidad constructiva y preventiva, así como de técnicas de restauración cuando ello ha sido requerido. Así pues resulta notable, el tra- bajo de rescate del mural del pintor Pedro Lira Curación del endemoniado , que fuera parte de la capilla del Hospital Siquiátrico de Santiago y que, tras el terre- moto de 1985, quedara severamente dañada, incluso inhabitable. Muchos eventos sísmicos han marcado la historia de la ciudad de Santiago y de todo el país, destruyendo y reconfigu- rando el paisaje y el patrimonio que lo constituyen, pero también dando ejem- plo notable de resiliencia y creatividad que se han plasmado en más y mejores estándares de calidad constructiva y preventiva, así como de técnicas de restauración. El mural, por su parte, fue rescatado gracias a un proyecto financiado por la empresa priva- da y trasladado a las dependencias de la sede episcopal de la Vicaría General Castrense en la comuna de Providencia. Si bien este evento de reciente ocurrencia, bajo el prisma de un histo- riador, excede los límites temporales del análisis, no obstante, en lo que respecta al tratamiento del patrimonio, constituye una superación de su materialidad y la clara necesidad de conservar aquello que forma parte del legado del pasado. Para algunos la discusión pudiere estribar en los tecnicismos de la conservación, la restauración e incluso del propio valor patrimonial, reconocido institucionalmente, sin embargo, resulta relevan- te preguntarse por el valor de la conservación de edificios, obras de arte, obras de ingeniería civil de valor patrimonial, que van más allá de la pér- dida material, pues constituye un elemento de valor simbólico.

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