Santiago mayo 2018

cerámica y me encantó porque trabajan la arcilla de una manera muy distinta a como lo aprendí en Europa. El arte precolombino es muy minucioso, preciso, delicado y eso me fascinó. Después, me fui a vivir con las comunidades afroperuanas y aprendí sobre los revoques, una forma de construir viviendas de manera ecológica y natural. Luego, viví en la selva amazónica durante cuatro años y esto significó un renacer para mí. ¿Por qué te marcó la Amazonía? Fue un proceso de desestructuración y una nueva forma de ver la vida. Artísticamente tuve un antes y un después, porque luego de dedicarme tanto tiempo a la pintura y a la acuarela, comencé a utilizar una mezcla de acrílico con pigmentos naturales, huito, achiote y raíces. Viví un tiempo con los Bo- ras, los Cocamas, los Yaguas, los Huitotos, los Shipibos y de todos ellos aprendí sobre pintura, herbolaria, medicina tradicional amazónica, plantas maestras y, en especial, de la cosmovisión. ¿Y a qué se debe esa atracción por el arte an- cestral? La razón es que todo está hecho con sentido y al tener un propósito el arte toma una vida propia mucho más profunda. No es solo por es- tética, sino que detrás de todo este arte existe una cosmovisión, tradiciones y vidas pasadas El arte precolombino es muy minucioso, preciso, delicado y eso me fascinó”. o le es fácil definirse por una sola disciplina artística y tam- poco es su propósito, pues esta joven catalana, de mirada dulce y apacible, ha construido su historia con el arte de manera poco usual. De abuelo ilustrador y de padre inte- riorista, aprendió desde niña en escuelas de arte y oficios, una serie de técnicas en pintura, acuarela, dibujo, tallado en madera, alfararería y se codeó con diferentes artistas de prestigio y trayectoria. Estudió Bellas Artes durante un año y, luego, optó por el teatro. Actriz de profesión, nunca dejó de alternar las tablas con su otra pasión: la pintura y la cerámica. En Barcelona amplió sus conocimientos con la danza, la medicina inte- gral y las terapias complementarias. Estaba en eso, cuando un llamado interno la llevó a tomar su maleta y a emigrar al sur de América. Su primer destino, Argentina, y luego, Bolivia. “Los aymara y lo autóctono del lugar me atrajeron profundamente. Me fascinaron sus colores, los tejidos y el cómo trabajan con la pigmentación natural. Viví con comunidades aymara y aprendí de su simbología, a teñir aguayos…”. También viviste en Perú Después de vivir en la selva boliviana, decidí irme a Cuzco. Ahí viví con una familia de alfareros para aprender más sobre la pintura en N

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