santiago marzo 2018

ESPACIO inmobiliario Más que la luz, me cautiva la oscuridad. Me parece que saber manejarla es la esencia de la luz. Una cualidad propia de la luz es generar sombra y es posible construir con esa sombra algo más teatral”. E l éxito de su trabajo radica en que nadie hable de él. Tal cual. Parece extraño, pero es cierto: si nadie habla de la luz, pero en cambio conceptos como calidez o armonía empiezan a dar vueltas, siente que su labor está cumplida. Rafael es diseñador de ambientes, estudió tres años de ar- quitectura y se perfeccionó en Lightening Design en el Instituto Europeo de Diseño (IED) en Milán. El camino para llegar a ese nivel de especialización se fue dando por la experiencia en terreno: “Hace quince años, haciendo trabajos de interiorismo, me di cuenta de que este era un tema que no se abordaba, nadie lo hacía y lo que había surgía por defecto: llegaba un elec- tricista y decidía qué hacer”, explica. ¿La necesidad de especialistas en iluminación también habla de una sofisticación del mercado? Hace no mucho tiempo, tener un interiorista era un lujo, hoy no. Está mu- cho más aceptado y eso significa que entren nuevos actores, como la ilu- minación, como también el paisajismo y la climatización. Nadie puede ser especialista en todo y ahí está la importancia del trabajo en equipo, de poder construir experiencias. ¿Todavía hay quienes piensan en tu trabajo como en “poner lámparas”? Más allá del objeto, de la lámpara en que muchos se detienen, lo que yo hago es iluminación arquitectónica, iluminación técnica. Desde ahí se pue- de derivar a la iluminación decorativa, pero ese es otro tema. La idea es crear un proyecto que construya una experiencia sensorial desde el arte de la luz. ¿Cuánto influye en tu trabajo haber pasado por la escuela de Arqui- tectura? Mucho. Nome arrepiento de la cadena que seguí para llegar hasta acá. Fue como un efecto embudo que resultó en una especialización muy fina. Me ha servido mucho saber leer planos, conocer el lenguaje de los arquitectos… la iluminación y la arquitectura deben dialogar porque, aunque uno también ilumine paisajes o espacios públicos, to- dos tienen características arquitectónicas. LA OSCURIDAD “Más que la luz, me cautiva la oscuridad. Me pa- rece que saber manejarla es la esencia de la luz. Cuando uno pone algo en valor hace un trabajo para mostrarlo y así es como puedo percibir el día y la noche, como trabajo la luz, la oscuridad, las sombras. Una cualidad propia de la luz es generar sombra y es posible construir con esa sombra algo más teatral. En una fachada, por ejemplo, las sombras y las luces generan tridi- mensionalidad y dramatismo”. 76 tell. cl

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