santiago marzo 2018

Maite Zubia creadora de Fundación Expreso 31 tell. cl “ Máximo Lobos, cargador de oficio. Cantante, amigo y nuestro inigua- lable “besador”. Hombre dulce, risueño, alegre y trabajador. Donde hay una sonrisa, ahí está Máximo. Le fascina estar vivo y sólo con la mirada, regala vida al trabajar. Hombre de poco hablar y de mucho coquetear. Don Máximo es luz y vida en Expreso. Cada una de sus tablas es una pieza única de incalculable valor. ¡Gracias Máximo, gracias por estar!”. Maite llega y nos entrega una pequeña tarjeta con esta reseña y la foto de un dulce viejito con gorro de lana. Máximo era uno de los viejitos de Expre- so. Máximo murió hace un par de semanas. Máximo representa el día a día de esta institución y de su fundadora. Ella no lo llora. Se emociona, pero desde la alegría. Y en sus ojos se nota la satisfacción por la labor cumplida: Máximo, como tantos otros, murió con la sensación de que sus últimos años en la tierra valieron la pena. No se fue en la calle, enmedio de la noche y enrollado en alguna esquina, inconscien- te por el alcohol. Y eso es justamente lo que ella quería. Pero esta paz no siempre estuvo instalada en su vida. De hecho, hasta hace cinco años, Maite Zubia tenía una vida completamente distinta. “Te- nía una vida tranquila, como la de cualquier persona. Tres hijos, marido, pega, venía llegando de vivir en Estados Unidos donde mi marido hizo un doctorado. Una vida con muchas oportunidades que me permitió abrir una microempresa de chocolates y trabajar desde mi casa, cuidando a mis hi- jos”, recuerda. Todo cambió gracias a Pablo Walker, capellán del Hogar de Cristo y el sacerdote que la había casado y bautizado a sus hijos. “Yo no leo nada, ni las instrucciones para preparar tallarines, pero ese día el computador estaba abierto en la página de Risueña, dispersa, divertida. Su libertad resulta inspiradora, tal como la pasión que pone en el trabajo diario con sus “viejos”, a quienes se dedica en cuerpo y alma y por quienes cambió radicalmente su estilo de vida: hoy necesita mucho menos y decidió vivir de manera más consciente, aunque para lograrlo haya tenido que arrastrar a toda su familia. Por Mónica Stipicic H. / Fotos: Andrea Barceló y gentileza Maite Zubia “SUS” viejos Por

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