Santiago Febrero 2018

¿Cómo son tus vinos? No tiendo a hacer vinos opulentos, pesados o alcohólicos; al contrario, trato de establecerlos más minerales, elegantes, y eso se conjuga muy bien con el clima frío y nuestras cepas. Este es un proceso productivo precioso donde sigo la uva desde la flor hasta la botella y eso hace que uno se empodere. ¿Cómo te defines? Muy detallista y autoexigente. En las degustacio- nes jamás pruebo sólo una vez y defino la mez- cla, sino que lo hago veinte veces y vuelvo a chequear todos los procesos. No es una receta; además, lo lindo que tiene la naturaleza es que las vendimias son todas distintas. ¿Quiénes son tus referentes? A Marilú Marín la encuentro admirable, fue una de las primeras enólogas en Chile, hizo su propia viña y nos abrió paso entre los hombres, no le Leyda me ha permitido tener total libertad de experimentar, de hacer, de opinar en el estilo de vinos. Es como mi hijo, estoy enamorada 'hasta las patas' del proyecto. Además me siento muy cómoda con las cepas, pues sería muy distinto estar a cargo sólo de tintos”. elegir una especialidad, pero en esa época la enología en Chile estaba en un boom y se estaba abriendo el segmento de vinos Premium que me parecía muy interesante. Además, era un área buenísima para el desarrollo femenino, porque, por lo general, la agronomía es súper machista”. Su primera práctica profesional la hizo en Concha y Toro y le encantó. Al momento de entrar a la bodega supo de inmediato que era lo suyo y se quedó allí durante seis años. Pero fueron sus últimos cuatro años en esta viña los de mayor aprendizaje, ya que trabajó codo a codo como asistente de Ignacio Recabarren. “Sin duda fue una gran escuela, era todo muy profesional, y tuve la suerte de aprender de uno los enólogos más famosos de Chile”, recuerda. Con el mismo Recabarren iba al Valle de Leyda a comprar uvas para su Sauvignon Blanc y desde ahí comenzó una conexión muy especial con ese lugar. “Cuando hacíamos degustaciones a ciegas, de todos los vinos, siem- pre mis preferidos eran de Leyda… algo me pasaba con ese valle que me encantaba y no me lo podía sacar de la cabeza. Un día me llamaron y me ofrecieron hacerme cargo de la viña… no podía creerlo, era una señal, así que agarré mis maletas y me vine para acá altiro”. ¿Te asustó esa responsabilidad? Sí, fue un gran desafío, llegué con veintinueve años, pero era el momento de arriesgarme. Leyda me ha permitido tener total libertad de experimen- tar, de hacer, de opinar en el estilo de vinos. Es como mi hijo, estoy enamo- rada “hasta las patas” del proyecto. Además me siento muy cómoda con las cepas, pues sería muy distinto estar a cargo sólo de tintos. Además le entregaste un sello femenino… Sí (ríe), de hechomuchos especializados mencionan, sobre todo en el Pinot Noir, que se nota que estos vinos están hechos por una mujer. Se dice en el rubro que las mujeres tenemos una sensibilidad mayor que los hombres para los vinos, aunque no lo siento tan así porque hay enólogos excepcio- nales, pero sí creo que hacemos vinos de manera distinta y eso le da una mayor oferta a Chile. 60 tell. cl

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0