Serena Octubre 2017

L a espesa neblina que nos acompañó durante todo el trayecto desde La Se- rena comenzó a disiparse y, minutos antes de tomar el desvío hacia la co- muna de Hurtado, un cálido sol nos dio la bienvenida. La tibieza del día y el reconfortante panorama que ofrece, hoy, el tranque Recoleta, enaltecen la belleza y la se- renidad de nuestro destino. A pocos kilómetros de este embalse, entre cerros, viñas y frondosos árboles frutales, emerge el fundo que por más de cien años ha dado vida a Sociedad Agrícola El Carmen. Instalados en la oficina y mientras disfrutamos un café, llega a nuestro encuentro, Jaime Pizarro (48). Afable y entusiasta —el empresario y padre de tres hijos— se adelanta en señalar que los tra- bajadores ocupados en la cosecha de las manda- rinas pronto irán a almorzar, de manera que es el momento oportuno para una sesión de fotos. Nos dirigimos al lugar en camioneta. Son cerca de quince minutos de trayecto para llegar a las mandarinas y el escarpado camino va marcando la huella entre el cerro y el tranque. De cómo parte la historia de El Carmen es lo pri- mero que Jaime comienza a relatar. “Mi bisabue- lo repartió estas tierras entre sus seis hijos y mi abuelo materno fue el único que se dedicó al rubro agrícola. Sus hermanos vendieron las par- tes que les correspondieron y con el tiempo, mis padres, mi hermana Ximena y yo nos dedicamos a recomprar estos terrenos a terceros. En 1986, recuperamos lo que era El Carmen original, es decir, compramos el último pedazo de las tierras que datan de 1912”. Sus padres ovallinos, Jaime Pizarro Castro y Carmen Julia Aguirre Drey, se iniciaron en el rubro agrícola solo con cultivos bajos. Los parrones que se aprecian desde el cerro son precisamente de esa época, es decir, hace trein- ta y un años. “En ese entonces yo estudiaba en La Serena y venía al fundo solo para las vacaciones. Cuando egresé del colegio Seminario Conciliar, estudié dos años ingeniería civil en la ULS, pero la verdad, no era lo mío. Decidí venirme a vivir al campo y ¡me encantó! Opté entonces, por estudiar, al año siguiente, administración agrícola”, recuerda Jaime. EL GRAN CAPITAL DE EL CARMEN Durante el recorrido, Jaime comenta que además de la extensión original de El Carmen, se han sumado mil hectáreas más, de las cuales ciento sesenta hectáreas tienen plantaciones. El crecimiento sostenido de El Carmen no solo se debe a las bondades de esta tierra, pues el capital humano es una de sus grandes virtudes. En la década del ochenta tu trabajo debió ser muy distinto a lo que es hoy ¡Absolutamente! En esos años hacía seis viajes desde el fundo a Coquimbo, porque llevaba los palets de a uno hasta el frigorífico. El camino era de tierra y me lo pasaba todo el día arriba de la camioneta. Mi padre partió con siete En 1986, recuperamos lo que era El Carmen original, es decir, compramos el último pedazo de las tierras que datan de 1912”.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0