Rancagua marzo 2018
39 tell. cl S e define como un “hombre de agua”, porque creció desafiando las olas de Pichilemu. Marcelo Pino (35), el Mejor Sommelier de Chile –en 2011 y 2014–, segundo de América y número veinticuatro del ranking mundial, comenzó a surfear, cuando tenía doce años, y, desde entonces, soñó con viajar por el mundo, de playa en playa, con una tabla. Su sueño se cumpliría —en parte— gracias al vino. Hace nueve años es embajador de Casa Silva, lo que le permite ir de acá para allá, mostrando vinos chilenos en Europa y Asia, y asistiendo a ferias internacionales como Vinexpo, una de las más importantes en su tipo, que se realiza en Bordeaux, Francia. “Ahora vengo llegando de Miami”, dice con una sonrisa, mientras hace de anfitrión en la tienda de vinos Marcelo Pino Sommelier, que abrió sus puertas en 2016 en una casona centenaria de avenida Ortúzar, a pasos del balneario pichilemino principal. Afable, espontáneo, pícaro, Marcelo es el mayor de siete hermanos y tiene dos hijos —uno de catorce y otro de dos años y medio— con su pareja, la abogada Pía Silva. Se crió entre las faldas de una madre que hacía pan amasado y sopaipillas, y la presencia intermitente de un Su sueño era recorrer el mundo sobre una tabla de surf. Algo que, finalmente, ha logrado descorchando botellas. Vendió confites, fue salvavidas y colectivero, antes de ser elegido mejor sommelier de Chile, en dos ocasiones. Fiel a sus raíces, desde hace un año y medio es propietario de una tienda de vinos en Pichilemu, balneario en que creció, entre las olas y el viento, y al que espera aportar con los mejores aromas y sabores de su oficio. Por Francia Fernández P./ Fotografía Andrea Barceló A. Marcelo Pino sommelier entre copas
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