Rancagua marzo 2018

30 tell. cl nía pesebreras; nosotros cosechábamos nueces, uvas, duraznos; nos bañábamos con las ovejas y ahí estaba “La Niña”, la oveja que era nuestra mascota”. CONCIENCIA AMBIENTAL Antes de fundar “Güid”, a Natalia Navarro le gustaban los cactus, pero sabía poco de ellos y no conocía las suculentas. Conversando con sus proveedores y leyendo libros especializados aprendió rápidamente y hoy los cultiva en su invernadero ubicado en Machalí. La bióloga Lillian Bunster comparte sus conocimientos con ella y la abastece de sucu- lentas que cultiva en la Región de Valparaíso. También se nutre de la cultura campesina de Julio Alfaro, quien le prepara injertos de San Pedro con variedades de mamillarias y cerebrum, entre otros. “Me gusta trabajar con gente del campo porque saben mucho. Siem- pre recorro lugares para conocer personas nuevas; ahora Julio me está presentando a otras campesinas. Más adelante quiero hacer una exposición e incluir a las personas con las que trabajo; yo no podría hacer nada sin ellos, por eso practico el comercio justo”, explica. Los maceteros de arcilla los compra en el taller “El viejo artesano” de Pa- ñul, localidad situada a dieciocho kilómetros de Pichilemu, y desde hace un tiempo viaja a buscar maceteros a Pomaire. Una cosa es tener conciencia ambiental y otra muy distinta es cómo formas esa conciencia. Quise dar un vuelco a eso y me propuse hacer un taller para crear esa conciencia”. Ese antecedente familiar vivido con su bis- abuela paterna, Marina Trinidad Latorre Gutié- rrez, es uno de los datos biográficos que están en la raíz de Güid, el emprendimiento que fun- dó el año 2015, luego de asentarse en Ranca- gua, su ciudad natal, tras una serie de viajes y estadías en Europa que partieron el año 2008. En su proyecto confluyen ese aprendizaje obte- nido en la casa de la familia Navarro situada en la calle Gamero; su formación como educado- ra de párvulos en la Universidad Andrés Bello; su opción por el reciclaje iniciada como estu- diante en práctica en la Fundación Integra y profundizada en Barcelona y Rotterdam como habitante de casas okupa, y sus estudios de fotografía realizados en la escuela Cámara Lú- cida de Valparaíso. Esa convergencia de inte- reses hoy se traduce en el diseño y venta de cactus, suculentas e injertos; la realización de talleres de conciencia ambiental para niños; la práctica y fomento del reciclaje en cada activi- dad que impulsa y la documentación fotográfi- ca de sus plantas. “Tanto por los Navarro como por los García tengo un arraigo a la tierra y de ahí nace este interés. Para mí era muy natural ayudar a mi abuela en el jardín; ella me decía: ‘mira, hice este injerto, mezclé un naranjo con un limón’. Mi niñez y mi adolescencia las viví así. Como mi abuela hacía mermeladas, siempre había que recoger frutas. Mi abuelo materno, Gal- varino García, tenía un campo en San Joaquín de los Mayos y pasábamos las vacaciones ahí, sin luz, sin agua. Había un manzanal y te-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0