rancagua Enero 2018

47 tell. cl N os juntamos una tarde a conversar en su taller, que está detrás de la casa. Como su hija, he estado ahí muchas veces, pero nunca para hablar en profundidad sobre su trabajo y su mayor pasión: la lutería. Esta vez, y a pedido de mi editora, le hice esta entrevista a Jaime Schorr —mi papá—, lutier y orfebre talquino que ha aprendido y perfeccionado este oficio de manera autodidacta, siendo hoy reconocido por su trabajo dentro del ámbito musical en Talca. Sobre un gran mesón hay varias herramientas, pegamentos, trozos de madera de diferentes tamaños y grosores, y un cuerpo de guitarra acústica desarmado. Cerca de la puerta cuelga otra guitarra recién barnizada y sobre otro mueble hay un chelo con la cubierta quebrada. Pregunto qué le pasó y me cuenta: “a este se le cayó un niño encima, se rompió entero”. Son los trabajos que llegan a su taller con mayor frecuencia: violas, violonchelos, contrabajos y violines que necesitan ser restaurados y reparados. Jaime también construye guitarras acústicas y eléctricas a pedido, además de algunos instrumentos especiales como la “charanguita”, experimento que resultó de una guitarra con un charango incorporado. Sin embargo, este último tiempo su trabajo como fabricante ha estado algo detenido: “No es muy rentable por el hecho En el taller que construyó detrás de su casa camino a Pencahue, el lutier y orfebre talquino, Jaime Schorr, se dedica a la restauración, reparación y construcción de instrumentos de cuerda, trabajo que aprendió a los dieciocho años y en el que se ha perfeccionado de forma autodidacta. Consciente del valor de este oficio, hoy está en vías de introducir más tecnología a su taller, para facilitar la construcción de guitarras y bajos hechos a mano. Aquí la entrevista hecha por su propia hija. Por Fernanda Schorr R. / fotografía Francisco Cárcamo. Jaime Schorr lutier Artesano sonido

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