concepción junio 2018

78 tell .cl La tienda estaba cerca de la estación de trenes, y las personas que iban al centro de la ciudad debían pasar por Freire, que antes era una calle más importante que Barros Arana. Por lo que se llevaban de vuelta a sus campos y pueblos, el aceite para los motores de sus máquinas”. Adela Domínguez nació en María Elena y estudiaba en el Instituto Santa María, en Antofagasta. Percival pertenecía al Colegio San Luis, de la misma ciudad. Se conocieron cuando Adela tenía dieciocho años y Percival veinti- trés, y trabajaba con su familia en el ferrocarril. “Ella aún guarda los recor- tes de diario, donde aparecían las victorias del equipo de waterpolo Los Diablos Rojos, al que pertenecía mi abuelo”, indica la nieta, Mónica Vargas. Ya casados, los Whittle Domínguez llegaron a Concepción en la década del sesenta, y con los conocimientos que traía Percival de su paso por ferrocarriles y una empresa de aceites, sumado al trato personalizado y acogedor que tenía Adela con los clientes, lograron consolidar una em- presa que empezó vendiendo lubricante Texaco en tarros de durazno. “La tienda estaba cerca de la estación de trenes, y las personas que iban al centro de la ciudad debían pasar por Freire, que antes era una calle más importante que Barros Arana. Por lo que se llevaban de vuelta a sus campos y pueblos, el aceite para los motores de sus máquinas. Luego, se pasaban el dato de Aceitera Regional de boca en boca. Nues- tra principal innovación fue vender aceite suelto, a los precios más bajos del mercado, reciclando diferentes contenedores, como bidones, latas y hasta envases de champú”, recuerda Percival. Entre sus clientes, des- tacan personas provenientes de los más diversos rincones de la región, como Arauco, Tomé, Los Álamos, Cañete y Curanilahue.

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