concepción junio 2018

H ace menos de un año, Verónica Oelckers llegó a Concepción desde Viña del Mar, debido al traslado de su esposo jubilado de la Armada. Desde la capilla de Lomas de San Andrés ha esta- blecido las redes necesarias para llevar a cabo su vocación social como coordinadora de la Fundación ANSPAC, Asociación Nacional Pro Superación Personal, una organización de origen mexicano que busca dar herramientas de desa- rrollo a las mujeres que han tenido menos opor- tunidades. Verónica decidió ser voluntaria en ANSPAC des- pués de servir de traductora en una reunión de ONU Mujeres durante su estadía en Nueva York, acompañando a su marido. Ahí se dio cuenta de la necesidad de ponerle rostro a la mujer y ayu- darla desde la base de su formación. ¿Cómo fue tu infancia? Mi infancia fue sencilla, pero con una presencia femenina muy importante. Crecí con mis tres hermanos junto a mi abuela paterna, Inés Vogt Schüler, que había enviudado a seis meses de mi nacimiento, en una casa enorme, donde tuve la bendición de tener cuatro mamás: la propia, cultísima y con un humor increíble; mi abuela, elegante y totalmente artista con sus manos y con las flores y el jardín; Anita, la nana puertas adentro, que me hacía estudiar, me regalonea- ba y me enseñó a rezar; y Flor, la nana puertas afuera, mi cómplice de travesuras, que me enseñó a coser en la máquina a pedales y me dejaba ayudar en la cocina. Tendría que escribir

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