Conce Abril 2018
Estamos trabajando para que la comida no se bote”. ¿Cómo fue tu infancia? Tuve una infancia entretenida. En el colegio fui una niña muy activa, imagi- no que no fue fácil para mis profesores. Aún recuerdo con cariño a la pro- fesora Gloria Rodríguez, imagen de paciencia y compromiso con la ense- ñanza. Buscando estrategias para canalizar mi desbordante energía, le sugirió a mi madre que me inscribiera, todas las tardes, en una actividad extraprogramática distinta. De lunes a viernes participaba en teatro, gim- nasia rítmica, periodismo y clases de crochet. Con los años estos talleres fueron cambiados por voluntariado. También, tengo muchos recuerdos de tardes jugando junto mis padres y mis dos hermanos. Hoy como mamá lo valoro muchísimo, y seguimos disfrutando de tardes de juego, ahora se nos suma mi marido y mis dos hijas, Josefa y Antonia. ¿De dónde crees que nace tu vocación de servicio? Mi madre, Ena Millar Benítez, desde que tengo uso de razón, fue dirigente social, desde los centros de madres, talleres laborales, juntas de vecinos, en permanente actividad y participación. Nosotros la acompañábamos y ayudábamos. Ella siempre está a disposición de los demás, comparte sus talentos generosamente, es una mujer que admiro y es mi referente. ¿Qué te motiva? Mi pasión es la gestión social, administrar en función de un bienestar social. En las organizaciones sociales se trabaja con la escasez de recursos y con la riqueza de tu entorno, por lo que cada momento presenta un desafío. Permanentemente estamos motivando a otros a colaborar con la causa. Somos un equipo que trabaja en entregar la oportunidad de, sim- plemente, compartir lo que se tiene: tiempo, transporte, alimentos, servi- cios, dinero, etc. Somos un puente. En ese escenario, la gratificación es inmediata, y como decimos en el equipo, por cada “no”, estamos a nueve oportunidades de un “sí”, hay que seguir tocando más puertas. ¿Tu familia te acompaña en tus actividades? Si bien es cierto que uno está trabajando, nos pasa en el equipo que invo- lucramos a nuestras familias y amigos, no hay horas extras, es un compromiso que traspasa lo laboral. Hace unos meses estuvimos en la SUR- MET con un stand el fin de semana, y mi familia nos acompañó. Me sentí tan orgullosa cuando escuché a Gustavo, mi marido, explicar lo que hacemos en el Banco de Alimentos; ver a mi hija mayor, Antonia, preocupándose de tomar las fotos; en otras acciones de voluntariado mi mamá y mi hermana también han participado, mis amigas… somos equipo, es gratificante. BANCO DE ALIMENTOS ¿Cuál es el objetivo de la organización que diri- ges? Actualmente, un tercio de los alimentos que se producen para consumo humano en el mundo se desperdician, y terminan en un vertedero. Por eso, estamos trabajando para que la comida no se bote. Contamos con un equipo de seis perso- nas, que, junto a todos los colaboradores, ha hecho posible el vertiginoso crecimiento de nuestro banco de alimentos. ¿Cómo pueden aportar las empresas y particu- lares? El modelo de operación es colaborativo, a esta causa todos son bienvenidos: las empresas entregando los alimentos aptos para el consumo humano que no se pudieron comercializar; haciendo aportes en dinero; en servicios; en transporte de carga; con vehículos menores para transportar los alimentos rescatados hasta las organizaciones sociales; con horas de voluntaria- do en las cosechas solidarias, o ayudando a rescatar alimentos en la Vega Monumental. ¿Qué es la cosecha solidaria? A veces, de diversos predios agrícolas, nos indi- can que hay frutas o verduras que ya no se pueden vender por diversas razones, pero que están aptos para el consumo humano. Enton- ces, nosotros armamos un equipo de volunta- rios y nos conseguimos transporte para sacar la mercancía. También puede ser que una sola empresa, como parte de sus actividades de Responsabilidad Social Empresarial, se haga cargo de todo. Los trabajadores voluntarios cosechan en su jornada laboral y la empresa 31 tell .cl
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