Concepción Febrero 2018

T Al armar nuevamente la lámpara, se tejen las lágrimas con alambre de bron- ce, una por una. Se realiza la reinstalación eléctrica con cable paralelo trans- parente, y el cambio de soquete al tipo metal bronceado con borde de loza. Después, se sella la estructura de bronce, engomando, y luego se aplica lacado transparente. Así, posteriormente, solo se requerirá pasar un trapo para limpiar. “Atrás quedaron los días en que se limpiaba con Brasso”. La iluminación ideal se consigue con la ampolleta transparente. “Esta aporta claridad, se aprecia el destello ideal de la lágrima y no se nota la ampolleta. No se ven bien ni las de bajo consumo cola de chancho ni las empavonadas”. PASADO NOSTÁLGICO Cristián aprendió este oficio del antiguo lamparero, Carlos Sepúlveda, quien falleció sin ver la tienda que creó su aprendiz, Lamant, hecho que siempre le produce un pesar a Cristián, porque no supo en lo que terminó lo que él inició. “Don Carlos era la persona a quien derivábamos a todos los que pasaban por Casa Loosli preguntando quién repara lámparas de lágrimas. Trabajé dieciocho años allí y en ese tiempo tuve la posibilidad de visitar a don Carlos e interiorizarme en su oficio. Me encantó, era un trabajo minucioso, pero reconfortante. Hoy, soy el heredero del oficio en Concepción”. Y a Cristián este trabajo lo mantiene motivado. “Me encanta ver la cara de las personas cuando reciben su lámpara lista y no pueden creer que sea la misma. Yo les mando fotos del proceso, para que vean la transformación”. También le llama la atención cuando entran a la tienda personas mayores, y se quedan mirando las lámparas, porque talvez les traen algún recuerdo de su vida pasada. “Estas lámparas han acompañado a generaciones en sus vidas, con recuerdos buenos y malos de su hogar. Son objetos eternos en las casas que se compraban ‘para siempre’. Me encanta ver la cara de las personas cuando reciben su lámpara lista y no pueden creer que sea la misma”. MANTENCIÓN Cristián aún le realiza la mantención a la primera lámpara que restauró. El experto indica que existen tres mezclas que se pueden usar para limpiar los cristales. “La primera es agua con amoniaco. Se debe pasar un paño, que no bote hilachas, impregnado en esta mezcla, por la corrida de lágri- mas. También se puede usar agua con vinagre, pues esta combinación limpia y repele el polvo. Por último, se le puede agregar limpiavidrios al paño, y con dos pasadas por la corrida de lágrimas, queda impecable”. La mantención se debe hacer cada dos meses o, por lo menos, tres ve- ces al año. “Estas lágrimas resaltan y muestran todo su esplendor y brillo cuando están limpias y libres de polvo”. Cristián hace un llamado a cuidar nuestro patrimonio. “Estas lámparas casi siempre son el recuerdo heredado de alguna abuela o el producto de un hallazgo en alguna tienda de antigüedades. Hay que mantenerlas, para que sigan dando su luz, y porque guardan en sus cristales las viejas historias familiares”.

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