Antofagasta Febrero 2018
¿Qué te decían los pilotos mayores? Los pilotos decían ‘cómo es posible que este huevón vuele en este pedazo sin irse tan lejos’. Eso fue una buena base porque si tú jugaste en tierra, desarrollaste un buen control, puedes sacar una corbata —que es cuando la vela se enreda— o una plegada —cuando la vela se co- lapsa—. Y será fácil reaccionar en el aire ante una situación. Es decir, que mientras tus compañeros de co- legio corrían tras un balón, tú te divertías vo- lando . Yo era la cuestión rara, el niño pájaro. ¿Así te decían? Así me pusieron en un artículo de un diario de Zapallar. Me hicieron una nota y quedé como el niño pájaro. Por suerte a mis compañeros se les olvidó rápido. ¿Qué tan apasionado eras por el deporte? Llegaba del colegio cerca de las cuatro de la tar- de, dejaba mis cosas en la pieza, veía si estaba bueno el viento, sacaba mi parapente y a volar. A veces con camisa, otras con buzo. Ahí me que- daba hasta el atardecer. Tal era el entusiasmo por volar que un día Bi- cho decidió ir a hacer una tarea escolar a la casa de un compañero que vivía en la Playa El Chungungo, a cuatro kilómetros de Maitencillo, usando su vela de cross country. A esa altura, con la cabeza cada vez más lejos de los estu- dios, devoraba las revistas especializadas que llegaban de manos de pilotos amigos y que ha- blaban de campeonatos, aventuras e ilustraban a los mejores exponentes. “Veía al español Raúl Rodríguez y al argentino Hernán Pitocco. Eran lo que quería llegar a ser y me enfocaba en ellos”. ¿Y cómo te decides por la acrobacia? A los catorce años digo ‘quiero ser piloto de acrobacia’. Normalmente, si es un niño el que está decidiendo qué hacer, es probable que elija esta disciplina porque es más radical y los cabros chicos son buenos para la locura, no co- nocen el miedo. Yo creo que por eso lo elegí. Iquique fue la prueba de fuego. La capital de la región de Tarapacá es un escenario perfec- to para practicar acrobacias en Chile. Con un margen de maniobrabilidad mayor, producto de sus empinados cerros, Bicho logró realizar las Yo era la cuestión rara, el niño pájaro. Así me pusieron en un artículo de un diario de Zapallar. Me hicieron una nota y quedé como el niño pájaro. Por suerte a mis compañeros se les olvidó rápido”. 37 tell. cl primeras acrobacias. Una llamó a la siguiente y, en los diez días que permaneció, se dio cuenta de que esta era su especialidad. ¿Has tenido algún accidente? Ninguno. Obviamente, como cualquier piloto de acrobacias, he tenido que ocupar mi paracaídas de emergencias, que es súper importante cono- cerlo y ser amigo de este elemento. Lo he utili- zado cuatro veces y de verdad me ha salvado. Al paracaídas de emergencias hay que estar con- tento de nombrarlo y ser amigo y saber cómo funciona porque te va a salvar la vida si tú llegas a tener algún incidente con tu vela. EL GRINGO La vocación de acróbata fue puesta a prueba a raíz de un simple consejo. Uno de los tantos grin- gos que cada temporada llegan a volar al centro Aire Libre le dijo a Bicho que tenía que estudiar mecánica en área pesada, para a futuro trabajar en el norte y poder practicar en Iquique duran- te sus días libres. “Duré menos de un semestre. Hablé con mis viejos y les dije que no era lo mío y que el próximo año me iba a competir a Europa, que era el sueño que tenía desde chico”. Entonces, comienzas, el 2015, a codearte con los mejores parapentistas del mundo. Ya tenía amigos de mis viajes a Iquique. Allá co- nocí al campeón mundial, el francés François Ragolski. Él estaba muy contento de que hubie- ra tomado la decisión de ir a Europa a conocer y relacionarme en la onda del parapente. Yo iba con el objetivo de estar en esos lugares que siempre vi en las revistas y videos y tratar de competir, tranquilo, sin calentarme la cabeza. Organyà, en los pirineos de Catalunya, fue la base central donde eclosionó el talento de Bi- cho. Entrenando ocho horas diarias, rodeado de los mismos deportistas que ojeaba en las revistas, todo lo aprendió casi por osmosis. Las fechas del campeonato mundial las recorrió jun- to a Ragolski y, realmente, pocos se sorprendie- ron cuando terminó la temporada en el puesto dieciséis. ¿Cómo fue tu participación el año siguiente en el segundo campeonato mundial de acrobacia en parapente? Ya sabía cómo funcionaba el sistema de competencias, las reglas y fui con una cartera
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