TELL MAGAZINE SEPTIEMBRE 2023

Esta cocina no tiene secretos, la clave es cocinar con amor, como lo hacían nuestras madres y abuelas, ese sabor de antaño que ha logrado perdurar en el tiempo. Por eso aquí tenemos desde lengua nogada, conejo escabechado, arrollado huaso de cerdo, prietas artesanales, plateada a la cacerola, pichanga chilena, hasta leche asada casera”. Pero Ida no se queda tranquila, todos los días ella es la primera en llegar a saludar a los clientes, en llevarles a la mesa un rico pisco sour o una vaina de la casa. Está pendiente de todo lo que ocurre en la cocina, se preocupa bien temprano de desgranar las habas o los porotos verdes para las ensaladas, de planchar las carpetas y manteles, de ver cómo salen los platillos para el salón. AÑOS MOZOS Ida es del sur. Con tan sólo dieciocho años partió desde Río Bueno hacía laRegión de Valparaíso en busca demejores oportunidades. Primero llegó a Quilpué, donde trabajó como cuidadora de niños. En Viña trabajó en cafeterías como La Virreina y Samoiedo; y años después se fue a trabajar como mesera en los restaurantes Menzel y Neptuno de Valparaíso, íconos de la época. Pero su herencia gastronómica proviene de mucho más atrás, ya que, en su familia, su abuela, madre y tía tenían restaurantes, donde la comida casera de campo era la protagonista. En total, hoy son cinco generaciones en torno a la cocina. “Cuando llegan los años también llegan todos los achaques, hoy estoy medio sorda, se me olvidan algunas cosas, pero recuerdo con mucho cariño mi vida en el sur, era bonito allá. Mi mamá hacía cazuela de ave, les sacaba las cabezas a las gallinas, ahí mismo en el patio. Se cocinaba mucho asado, conejo, empanadas”. “Yo soy osornina, pero llevo aquí tantos años que parece que fuera del puerto ya (ríe), esta es mi casa, aquí crié a mis hijos y aquí me quedé. Ahora sigue esto el Renato, que me apoya hace tantos años, y la Renatita que es mi regalona; ella aprendió de chica a hacer de todo, le encantaba mirar cómo yo cocinaba los ñoquis, se encaramaba en el mesón de madera. Hoy sigue ella en la cocina, en el bar, atendiendo a los clientes, se parece mucho a mí en ese sentido”, cuenta doña Ida. Ya en sus treinta y tantos años doña Ida tuvo la oportunidad de comprar Los Deportistas, un boliche que recibió este nombre ya que está ubicado detrás del Estadio O’ Higgins, famoso centro deportivo que reunía a las familias en torno al fútbol, el básquetbol y el hándbol, e incluso recibió a Pelé en el año 1962. “Este era un barrio residencial precioso, lleno de vida, donde había emporios italianos, almacenes, tiendas, quintas y restaurantes. Entre los años cuarenta y cincuenta aquí vivían todos los dueños de las grandes empresas del puerto, en unas casonas patronales maravillosas. Luego, entre los años cincuenta y sesenta, por aquí pasaba el camino viejo hacia Santiago, por lo que era un punto muy transitado, pero también tradicional. Por muchos años este siguió siendo un sector de clase media, 26 tell. cl

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