TELL MAGAZINE ABRIL 2024
A los pies del cerro Barón de Valparaíso —y en toda una esquina, entre las calles Pasaje Quillota y Eusebio Li- llo—, La Joya se ha convertido en una marca querida y reconocida del Barrio Almendral. Con restaurante, hostal, cowork y pizzería, son una empresa familiar que se ha ido reinventando a lo largo de los años. “Mi papá, Bernardo Oroz, tenía una panadería en el Pasaje Quillo- ta de Valparaíso, que se llamaba Erro. Por más de cuarenta años estuvo a cargo y, como panadero, amaba su trabajo. Desde que yo era chico, lo veía trabajar día y noche; cómo tenía su negocio y ser su propio jefe… y de alguna manera siempre pensé que por allí iría también mi camino. Por eso, después del colegio, quise estudiar Ingeniería Comercial en la Universidad Adolfo Ibáñez y ver de qué manera podía emprender”, cuenta Esteban Oroz Pusic (37), dueño de La Joya. “Cuando tenía tres años, la panadería se quemó y nuestra casa también porque estaba en el segundo piso. Perdimos todo, pero mi papá se levantó desde cero. Nuestra antigua casa se con- virtió en bodega, para la producción de pan de pascua y pan de molde, que se compraba mucho en esa época. Pasaron los años y mi papá siempre ideaba negocios, hasta que, el 2010, se le ocurrió construir, ahí mismo, una residencial de dieciocho habitaciones para estudiantes, con volúmenes de dos pisos tipo En su séptimo aniversario como restaurante, y con una historia familiar de más de cuarenta años de emprendimiento en Valparaíso, La Joya cuenta hoy con distintas empresas que incluyen La Joya Sánguches, La Joya Hostel, Paralelo Cowork, Don Berna Pizzas y, últimamente, La Joyita Burger. Un nuevo punto de encuentro para los amantes de las hamburguesas en Viña del Mar. Por María Inés Manzo C. / Fotografía Javiera Díaz del Valdés. La Joya Legado familiar 67 tell. cl
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