TELL MAGAZINE JUNIO 2020
32 tell. cl Cuando volvió, se dio cuenta de que su carrera lo había formado muy bien en lo técnico, pero le faltaba saber cómo empezar a emprender, que era el desafío que se había planteado ahora. “No tenía ni conocimiento ni plata, sólo una idea, así es que entré a la incubadora de negocios de la UdeC, IncubaUdeC, a tomar algunos cursos y participar en torneos de emprendimiento”. En ese entonces ya cursaba quinto año de la carrera y había decidido seguir entrenando, pero en el básquetbol amateur, porque quiso que su emprendimiento ocupara el primer lugar en su mente y su tiempo. Ganó un torneo de emprendimiento regional y postuló a un fondo de CORFO que solicitaba tres millones de pesos de cofinanciamiento. “Fue una gran casualidad porque para poder obtener diez millones, necesitaba conseguirme tres, y participé en un torneo nacional organizado por Inacap donde competí con otros veinticinco emprendimientos y el premio mayor eran justo tres millones. Lo gané”. El premio lo complementaba un curso de emprendimiento de un mes en la Universidad Politécnica de Valencia. Cuando volvió de España, era hora de poner en práctica todo lo aprendido y montar la empresa en serio. “Se sumó Madesal como inversionista y empezamos oficialmente. Los primeros meses fueron sólo gastos, montar equipos, y en octubre del año pasado por fin abrimos las ventas. Fue el peor momento posible porque vino el estallido A pesar de este momento tan difícil, es una experiencia que nos permite mejorar, crecer y seguir desarrollando productos. Hoy son las mascarillas y probablemente lo sigan siendo por algún tiempo, pero para el futuro, estamos atentos y a disposición de lo que se requiera”. Se decidió por Ingeniería Civil Mecánica, por su gusto y talento para la física, matemática y finanzas. Además, quería algo que fuera desafiante, y lo encontró. “Me había picado el bichito de vivir en el extranjero, por lo que en ese momento postulé a todas las becas que pude y, finalmente, me gané una para desarrollar un proyecto de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Maine, Estados Unidos”. ROGERS EMPRENDEDOR Allá, Escalup disfrutó la película gringa completa, incluso viviendo en la casa de una fraternidad universitaria, además de trabajar en el lugar donde está la impresora 3D más grande del mundo. “Era un laboratorio con equipamiento de millones de dólares, financiado por el ministerio de defensa. Recuerdo que entré y había un aspa de turbina eólica gigante, tomé una foto y me tocaron el hombro para decirme que estaban prohibidas porque todo era información confidencial. Era otro mundo”. La primera vez estuvo cuatro meses allá, en el 2017, mientras desarrollaba el proyecto, y le encantó. El enamoramiento fue correspondidoporqueposteriormentelaNationalScienceFoundation le pidió que impartiera una presentación de la investigación, así que volvió por dos meses más con todo pagado. Desde entonces vuelve todos los años. ¿De qué se trataba el proyecto? Era sobre el desarrollo de filamentos de impresión 3D en base a materiales compuestos. Se trataba de estudiar cómo mezclar plástico con madera para lograr un filamento, que es la “tinta” de una impresora 3D. En base a ese proyecto desarrollé, además, mi tesis de la carrera, y mi empresa actual, todo gracias a lo que conocí allá, cuando hubo un boom en esta tecnología.
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