TELL MAGAZINE MAYO 2020
49 tell. cl Mi anhelo es recatar este tremendo patrimonio y contribuir con un grano de arena. En Chile cuidamos tan poco y olvidamos tan rápido”. El “entierro” del histórico hospital Roy E. Glover fue uno de los primeros indicios de lo que vendría. “Cuando lo analizas antropológicamente, el hospital es la cuna de una ciudad, las guaguas nacen ahí, entonces cuando tu entierras el hospital estás acabando con el lugar. Era un hospital que todos querían mucho, con las últimas tecnologías, algo que no existía en la época. Cuando lo enterraron fue como un pisotón, nadie lo pudo entender en su minuto”, relata. “Desde el 2015, Chuquicamata está protegido como Patrimonio Nacional, pero no está recibiendo grandes aportes monetarios que permitan su mantenimiento y eso es un peligro”. REXCORRIENDO CHUQUICAMATA Durante un tiempo, Lucía masticó la idea sobre la manera en que iba a transmitir la memoria de este pueblo minero, a la gente y a los niños. ¿Lo haría a través de la voz de un niño?, ¿de ella misma? Finalmente resolvió que la voz narrativa fuera Rex, la copia feliz de su propio perro, quien a través del relato recorre Chuqicamata en busca de su familia humana. “El libro lo hice pensando en los niños, porque ellos son el futuro. Quería que fuera un libro de recuerdos, un compendio de imágenes de Chuqui. Me gustaría que llegara a todo Chile, para que sepan lo que fue este pueblo, y conocieran la vida de un mineral de cobre”. ¿Cómo te nutriste para hacer el libro? Me documenté a través de varios escritos para hacer mi libro. Los historiadores contemporáneos te invitan a que mires la historia de la creación de Chuquicamata en el contexto de esa época, 1915, en que las leyes laborales y sus regulaciones en el resto del país contrastaban con las de este asentamiento minero. Por algo mucha gente trataba de irse a trabajar allá. En mis averiguaciones conversé con uno de los chuquicamatinos más antiguos, quien me contaba que los estudios de su papá habían sido financiados íntegramente por su jefe gringo que creyó en él y que lo ayudó a surgir. Hay una visión muy sesgada de parte de los primeros historiadores con respecto a Chuquicamata”. La última vez que Lucía estuvo en Chuquicamata fue en el 2004. “Me dio mucha pena ir, porque ya se veía muy abandonado, ya habían dejado de pintar las casas, el viento había causado sus estragos, y estaba todo cubierto de arena. Mi casa de ese tiempo hoy es una oficina”. ¿Qué pretendes lograr con este libro? Valorizar Chuquicamata, legar la memoria a los niños, dimensionar lo que significó para la economía nacional y llamar la atención del Ministerio de Conservación de Monumentos a que pongan más ojo. Si no le ponemos suficiente atención a Chuquicamata, corre el riesgo de terminar sus días como una salitrera, en que su restauración demanda tantos recursos que al final no será factible. ¿Cuál es tu sueño? Que se establezcan rutas turísticas en Chuquicamata, porque actualmente está cerrado como campamento, ya ni siquiera se pueden hacer visitas. Para el lanzamiento del libro, me puse en contacto con la Corporación para la Conservación de la Cultura Chuquicamatina, en Calama, a través de Fredy Legua, quien me ha ayudado mucho. Mi anhelo es recatar este tremendo patrimonio y contribuir con un grano de arena. En Chile cuidamos tan poco y olvidamos tan rápido. T
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