TELL MAGAZINE MAYO 2020
“ Los chuquicamatinos vamos a desaparecer, pues desde 2007 ninguno más pudo nacer”. Así parte el libro de esta ilustradora oriunda de Concepción y que, tras una breve estadía en Calama, vivió en el campamento minero junto a su familia. “Este libro surge de la necesidad de contarle a mis hijos cómo fue el lugar donde yo crecí y la importancia que tuvo para el desarrollo de Chile en el siglo XX”, cuenta. “Quiero acercar a la gente a la historia de Chuquicamata, preservar lamemoria histórica. Si no lo transmitimos nosotros, que fuimos los últimos chuquicamatinos, ¿quién?”. Lucía creció en Chuquicamata. “En esa época uno se sentía tremendamente importante. Era común escuchar “Chuquicamata mantiene Chile”, “gracias al cobre, Chile ha crecido”. Yo estaba muy orgullosa de pertenecer ahí. Tremendamente orgullosa”. ¿Cuáles fueron tus primeros recuerdos? Los juegos infantiles en el Campamento Americano. Recuerdo que eran metálicos, muy bien hechos, de piezas recicladas. Había helicópteros, cohetes, trenes, era el paraíso. Lo otro que me llamaba la atención es que era muy limpio y ordenado. Había mucho viento y no se veía a nadie en la calle. Eramuy solitario. La gente en el mineral tiene una vida más encerrada. Recuerdo que cuando no había viento, había emergencia, porque no se limpiaba el aire y el nivel de toxicidad del humo te dejaba la boca amarga, tenías que estar adentro de la sala y no podíamos hacer deporte. A nosotros, cada año, nos revisaban las uñas para analizar el arsénico acumulado. 48 tell. cl ¿Cómo era tu vida? Fui feliz desde que llegué a Chuquicamata, me sentía segura y tranquila. HISTORIA MINERA El 31 de agosto de 2007 se declaró el cierre de Chuquicamata, después de noventa y dos años de funcionamiento. El acelerado crecimiento de la mina, acercó peligrosamente las áreas de desperdicio a su emblemático campamento, haciendo imposible la convivencia entre ambos. Pero hubo gente que se quedó, como don Alcides Lira, dueño del emporio La Verbena, cuya interpretación del Viejo Pascuero quedó inmortalizada en la retina de grandes y chicos. Yo de acá no me voy, dijo, he estado toda mi vida aquí. Y se quedó hasta mediados del 2008. “El viejo se quedó sin agua y sin comida y los hijos le subían cosas desde Calama. Fue una suerte de rebeldía. Al final terminó yéndose también”, cuenta Lucía. Yahí quedóel campamento. Abandonado. “Cuando empezamosa ver queestabanenterrandoaChuqui y que iba a quedar totalmente bajo tierra fue muy fuerte para nosotros. Imagínate que enterraran el lugar donde viviste y creciste”. Quiero acercar a la gente a la historia de Chuquicamata, preservar la memoria histórica. Si no lo transmitimos nosotros, que fuimos los últimos chuquicamatinos, ¿quién?”.
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