TELL MAGAZINE MAYO 2020

P or estos días de cuarentena obligatoria, el departa- mento de Virginia —@virgi222—, se ha transformado en su propio taller. Cada mañana, se sienta en una mesa con vista a un Santiago aletargado y trabaja sin descanso. Apiladas en el suelo, desparramadas sobre el mesón, las páginas de revistas antiguas — que hablan de cultura, arte renacentista y décadas pasadas, entre miles de otras cosas— aguardan que Virginia haga su magia. “En la cuarentena me pegué un salto cuántico”, confiesa esta uru- guaya de nacimiento, pero avecindada en nuestro país hace mu- cho tiempo. ¿Hubo algún cambio en tus collages ? Decapité a las figuras femeninas. No es que el collage estuviera desde siempre en su retina. No. De- rivó, como todo en la vida, de una serie de sucesos. Luego de es- tudiar arte, se ganó una pasantía en el Museo Peggy Guggenheim de Venecia, donde estuvo dos años. Al volver trabajó en la Galería Animal. “Ahí conocí de cerca el mercado del arte nacional e interna- cional y cómo se mueven las exposiciones”. Tiempo después partió a Berlín, pero no fue sino cuatro años más tarde, cuando vivía en Londres, que apareció el collage en el horizonte como medio de ex- presión. “En Londres aluciné con algunas revistas. Ahí me explotó la cabeza. Y me dije esto hay que hacerlo y comencé a trabajar en los collages ”. ¿Cómo fue ese cambio de switch ? Al principio tenía miedo y respeto al hecho de meterle tijera a un li- bro antiguo, pero con el paso del tiempo pensé que lo que yo hacía era darle otro significado, era resignificar, porque si no, la revista iba a estar guardada en un cajón. Mis inicios fueron románticos. Mi Trabajo con materiales encontrados, revistas antiguas, pósteres, afiches antiguos, libros usados, catálogos de museos”.

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