TELL MAGAZINE ENERO 2021
22 tell. cl C ada exposición de Maita, como le dicen sus amigos, es una “reseteada”. Un cambio de piel, de estación. La voz gutural, el cigarrillo en la boca, las ideas claras. En esta entrevista, afirma que su pintura cambia mucho entre una exposición y otra, que su sello es el expre- sionismo abstracto y “la macha suelta” y que está en búsqueda permanente de nuevos lenguajes y desafíos a través de su obra. “A mí, pintar me produce las mismas endorfinas que le pueden producir a un deportista. Me produce felicidad pintar. Bailo en mi taller, canto en mi taller, soy inmensamente feliz creando, me siento muy realizada”. Así de rotunda. ¿Cómo fue tu encuentro con el arte? Mi encuentro con el arte fue desde guagua. Mi mamá siempre dice que yo era el terror de las paredes. Y ríe fuerte. Pero no fue hasta los treinta que tomó el pincel. Había estudia- do diseño, se había casado y ya tenía su primera hija. Un buen día, junto a un grupo de amigas, decidieron “cultivar el ser” y tomaron clases de arte nada menos que con Bororo. “Haz un limón, no un logo de limón”, me decía, haciendo alusión a mi ca- rrera, y aprendí a soltar la mano”. Y lo que al principio iba a ser una temporada corta la abrazó de tal manera que Margarita terminó sucumbiendo a la pintu- ra. “Jamás me imaginé que iba a ser pintora. No estaba en mis planes ser artista ni que me iba a dedicar al arte, pero sentía que mi felicidad dependía de ello”. ¿Qué te provoca pintar? Es un baile cuando pinto. Me encuentro con el “telo”, hay un diálogo, hay una seducción con lo que va pasando. Para mí la pintura es permitir- se y dejarse sorprender, buscar nuevas formas de lenguaje y tratar de dar un paso más allá. PALIMPSESTO Cuando liberaron a Ingrid Betancourt, Margarita pintó un cuadro. Cuando se cayeron las torres ge- melas, cuando Bororo se ganó un Altazor, cuan- do murió Felipe Cubillos, en todos esos momen- tos Margarita pintó un cuadro, como si le tomara el pulso a la contingencia y a la vida misma. “Mis cuadros son como diarios de vida. Mis exposicio- nes son, definitivamente, un reflejo de lo que es- toy pensando y de lo que estoy sintiendo”. Palimpsesto habla de esta sociedad de soliloquios individuales que no engendra acuerdos ni consensos y sin ellos no hay forma de vida comunitaria posible”.
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