Rancagua Mayo 2018

Todas las maderas que se sacaron del anterior inmueble se reutilizaron para distintas funciones como revestimiento de muros, para hacer la nueva caja escala, y para el mobiliario de las distintas habitaciones. EL ROJO DEL MALANDRINO La recepción tiene colores intensos. De espa- cios amplios y generosos, las vigas estructura- les están a la vista, un sello definitivamente al estilo del Fauna. Un gran cuadro del joven ar- tista Felipe Quiñones es una de las notas altas al entrar. El papel mural traído de afuera es im- ponente y fue contrastado con una pared roja oscura que sube hasta el último piso. La remodelación se fue gestando de a poco. Cada rincón, cada detalle tiene un porqué y una historia. Como el color rojo. “Un día sentamos al Pato Caorsi (dueño del Malandrino) en la mi- tad de la recepción para que viera las pruebas de color. Vayan a ver el rojo del Malandrino, nos dijo. Eso hicimos y quedó hermoso”, comenta Karen, su dueña. El toque de genialidad lo aportó el escultor Ro- drigo Villalobos, quien diseñó una reja fuera de serie que da a la calle. El acierto no solo fue emulado en el logo del Augusta, sino que se ha convertido en un punto de interés turístico. “En mi opinión, es una forma súper creativa de en- tregar arte a una ciudad”. En la reconstrucción se ocuparon maderas no- bles propias del lugar: pino Oregón, roble, aler- ce, raulí. Todas las maderas que se sacaron del anterior inmueble se reutilizaron para distintas funciones como revestimiento de muros, para hacer la nueva caja escala, y para el mobiliario de las distintas habitaciones.

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