Concepcion marzo 2018

“ ¿Qué pensaba yo conmis putos blancos y negros y azules todo este tiempo? ¡Si la gente ama el color! No sé si fue el surf o el sol o un mix , pero me volqué al color”. La luz entra a raudales por los amplios ventanales de su casa-taller. El blanco del mobiliario acentúa aún más la luminosidad de la ma- ñana. Anka se pasea a “pata pelá” en short de mezclilla con una taza de té energizante, y mira el horizonte. Escudriña las olas que más tarde la llevarán a otra de sus pasiones: el surf. “No tengo carrera de artista”, suelta de repente, “aunque siempre pinté, desde el colegio. Pintaba cuerpos, pintaba huevos fritos. Una vez hice un mural alucinante de la Violeta Parra. Quería estudiar arte, pero entré a arquitectura y ahí conocí el diseño industrial. Me encantó”. DE TURQUÍA A SAN FRANCISCO El espíritu nómade de Anka la llevó a vivir en Turquía. Siete meses en la playa de Ölüdeniz le bastaron para darse cuenta de que eso era lo suyo, de que a la gente le gustaba su trabajo y que esa era la mejor forma para expresarse. Todavía no aparecían los puntos, esos que se han Mis obras son mi mayor forma de expresión. Para mí es una energía que va y viene”.

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