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EDICIÓN | Julio 2013

Destino Mágico

Beto Carrero World, Penha, Santa Catarina, Brasil

Beto Carrero World es considerado el parque temático más grande de Latinoamérica y quinto del mundo. Tiene catorce millones de metros cuadrados, por eso la entrada da el beneficio de ir dos días, ya que en uno es imposible conocerlo entero. Adrenalina, espectáculos, zoológico, gastronomía, y mucho más, en estas páginas.

fotografía y texto por María José Pescador D.

Nos fuimos con toda la familia, primos, tíos y hasta abuela incluida, de vacaciones a Meia Praia —a ocho kilómetros de Camboriú—, una playa perfecta para disfrutar en familia. Arrendamos dos departamentos a una cuadra del mar casi caribeño: palmeras, arena blanca, agua cristalina y tibia.
 
Dentro de los panoramas, había uno que era obligado: llevar a los niños a Beto Carrero, el Disney de nuestra región. La entrada cuesta alrededor de veinticinco mil pesos, y permite visitar el lugar durante dos días seguidos, para poder conocerlo entero.
 
La partida desde Meia Praia fue a las ocho de la mañana, y el viaje —la entrada es con transporte incluido— dura aproximadamente cuarenta minutos. Beto Carrero se encuentra en el municipio de Penha o Peña, en el estado de Santa Catarina. Está a treinta y cinco minutos desde el balneario Camboriú y a diez minutos del aeropuerto Navegantes.
 
Este parque fue creado por iniciativa de João Batista Sérgio Murad, conocido artísticamente como Beto Carrero, que falleció el 2008. Su fama empezó en la radio, para luego convertirse en organizador de rodeos y flamante empresario. Amante de los caballos, incursionó en la actuación de películas y telenovelas. El parque fue inaugurado en 1991, a pesar de que las obras continuaron hasta 1997, año en el que se terminó la fachada principal del lugar llamada “El Castillo de las Naciones”, espacio que tiene diez mil metros cuadrados de superficie, y es el área en donde está la puerta de entrada, las boleterías, tiendas, cafeterías, guardarropías y baños.
 
 
PARA LOS PEQUES
 
Al llegar, lo primero que llama la atención es la imponente fachada del castillo. Pareciera ser una mansión gigantesca hecha de caramelos; sus colores fuertes y su tamaño ya dejan al visitante con la boca abierta. Una vez adentro, y con mapa en mano, empieza el recorrido.
 
Decidimos iniciarlo por el sector de la Crianças Grandes (niños a partir de cuatro años, aproximadamente). Por este trayecto nos encontramos con Kung Fu Panda, Shrek, y los personajes de la película Madagascar. Más allá está el primer juego: “El Imperio de las Aguas”, un río artificial que se recorre en pequeñas embarcaciones redondas que pasan por túneles, cataratas y rápidos que hacen que el bote de vueltas como quien está haciendo un suave rafting. Se ven maravillosos paisajes con naturaleza salvaje, cascadas y grandes esculturas.
 
Saliendo de esta primera entretención, el camino sigue hacia la Tiger Mountain, una montaña rusa un poco más fuerte que el juego anterior, bastante más adrenalínica, con subidas y bajadas potentes. De aquí el camino sigue hacia la “Isla de los Piratas” en donde hay una caverna, un barco, cuevas con rocas en donde se esconden arañas gigantes y estatuas de maliciosos piratas en tamaño real, puentes colgantes, entre otros. En este sector existe una laguna en donde está el mítico juego del Barco Pirata (para niños arriba de doce años), botes a pedales, y se encuentra la salida del teleférico que cruza el parque y que gracias a su altura de treinta metros, permite ver todas las atracciones.
 
De la isla, pasamos a la entretención del tren DinoMagic, que recorre algunas zonas del lugar, y luego fuimos al “Portal del Miedo”, donde no entramos pero vimos cómo los niños salían muertos de miedo perseguidos por reconocidos personajes malvados como Freddy Krueger. Más allá ingresamos a Raskapuskaun, paseo en bote por una montaña encantada en donde se ven enormes escenarios con los personajes míticos de la literatura infantil, como el mundo mágico de los soldaditos de plomo, acompañado de una mágica música.
Para capear el calor nos dirigimos hacia Tchibum, la montaña rusa que pasa veloz por lagunas de agua dejando completamente empapados a quienes se suben. La recomendación es ir en traje de baño. Aquí permiten hasta niños de tres años que, sin duda, disfrutan sobre todo la caída más potente que tiene este juego y que posee treinta metros de altura.
 
Y mientras íbamos caminando entre uno y otro juego, vimos la “Aldea Indígena”, construcción de tamaño natural que refleja la vida de estos pueblos y en donde los niños pueden entrar, tocar, sacarse fotos, etc. De esta misma forma temática está el zoológico, el más grande de América, y en donde llaman la atención las jirafas, leones, y los osos hormigueros. También está Fort Álamo, un pueblo de vaqueros, “Villa Esperanza”, en donde hay estatuas gigantes de hipopótamos con la boca abierta, cigüeñas, enormes elefantes, canguros...
 
Vimos el “Centro de Primatología”, repleto de distintas especies de primates. “El Mundo de los Gigantes” donde hay una laguna y un tren que la recorre dejando ver estatuas de dinosaurios en tamaño real. Este mismo tren recorre la “Villa Árabe”, casas típicas de esta cultura. Más allá está la “Villa Germánica”, un mini pueblito alemán.
 
 
EN VIVO
 
De aquí corrimos hacia el show de los “Súper Carros”, que solo tiene un horario y si no se llega puntualmente, las puertas se cierran. En este, pilotos profesionales y súper expertos realizan un espectáculo impresionante: los autos a toda velocidad hacen coreografías en donde se entrecruzan, dan vueltas sobre sí mismos, y hasta suben por una estructura de metal con forma redondeada que debe tener por lo menos unos cuarenta metros de altura.
 
También se ven pilotos de motos que realizan carreras, y lo más espeluznante es un piloto que se baja de una moto y se sube a un camión haciendo piruetas asombrosas. El público se emociona y se levanta a aplaudir. Este espectáculo dura cerca de cuarenta minutos y se sitúa en un estadio, cuyo fondo es la fachada de un pueblo vaquero.
 
Asimismo y como espectáculos están: “El sueño de un Vaquero”, musical que se realiza en el gran teatro, en donde además está el museo de Beto Carrero; allí se puede leer (en portugués e inglés) la historia de quien fue este hombre. Aquí están sus fotos con famosos de todo el mundo, cientos de copas, medallas y trofeos de sus triunfos en el rodeo, sus chaquetas más típicas, algunas con oro y brillantes. Además era fanático de John Wayne, así se ve en el museo la casa rodante que fue propiedad de este conocido vaquero y que compró Carrero.
 
También están los shows de: “El Mundo de los Caballos”, donde se ven vaqueros cabalgando preciosos caballos, haciendo distintas hazañas típicas del rodeo. “Excalibur”, peleas de guerreros feudales con sus cascos, armaduras y espadas. “Acqua Show”, especialistas en teatro físico, tipo Cirque du Soleil, se transforman en distintos animales gracias al vestuario, maquillaje y sus propias contorsiones. Por último está el “Show del Cowboy”.
 
 
ADRENALINA RADICAL
 
Para los más grandes y ansiosos de adrenalina este parque cuenta con la montaña rusa más grande de Latinoamérica y la única que posee un sistema de seguridad que permite que el pasajero quede literalmente boca abajo, y con manos y pies libres de ataduras. Se llama Firewip, llega a los ochenta kilómetros por hora, y no fui capaz de subirme. Más allá está la Big Tower, una torre de sesenta metros de alto que sube a los valientes como si fuese un ascensor hasta la cumbre para luego dejar caer la estructura a velocidad límite. Una entretención que tampoco quise experimentar...
 
Donde sí entré fue en el juego “Las Aventuras de Betinho Carrero 4D”. Son tres etapas, en donde se sigue una historia a través de televisores que llevan al participante a sentarse finalmente en una sala de cine con tremenda tecnología. Los asientos se mueven para simular los movimientos que se van viendo en la película. Posee efectos especiales como agua, humo y viento, y si hubiese sabido cómo era, tampoco me hubiese atrevido a entrar, pero valió la pena...
 
Parecido a Big Tower, es el Free Fall, solo que en este, uno se sienta en una estructura que sube hacia una torre y que cae a fuerte velocidad dejando a la persona en posición horizontal al llegar a tierra.
En medio del parque está el patio de comidas. Aquí hay un enorme carrusel, y en todo el alrededor distintos espacios: desde buffets con exquisitas carnes a las brasas, hamburguesas, hasta comida típica que recomiendo como los pescados (la tainha), y mariscos como ostiones y ostras. También las bolinhas de bacalao o peixe (tipo croquetas de pescado), el queso fundido, los churros rellenos, la feijoada (frijoles negros con carnes ahumadas acompañados de harina de mandioca y plátano frito), y de no perderse las exquisitas variedades de caipirinhas, la batida de coco o el guaraná con frutas del amazonas.

NUESTRO DATO:
www.betocarrero.com.br

 

“Este parque cuenta con la montaña rusa más grande de Latinoamérica y la única que posee un sistema de seguridad que permite que el pasajero quede literalmente boca abajo, y con manos y pies libres de ataduras. Se llama Firewip y llega a los ochenta kilómetros por hora”.

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