Tell Magazine

Reportaje

EDICIÓN | Julio 2012

Corazones solidarios

Proyecto Must
Corazones solidarios

Resulta inspirador conocer a un grupo de jóvenes que sí está ahí con la pobreza, con la desigualdad, con la falta de oportunidades. Resulta motivador verlos convertidos en protagonistas de un movimiento con ribetes sociales, cuya consigna es ayudar a generar conciencia de lo que pasa a nuestro alrededor. A crear un puente con quienes más lo necesitan. A transformarse en agentes de cambio en una sociedad cada vez más individualista.

Por Macarena Ríos R./ fotografías Vernon Villanueva B.

Crear lazos, despertar la solidaridad, ser consecuentes e ir más allá del discurso. Ese es, a grandes rasgos, el espíritu de Must, una iniciativa liderada por un grupo de ex alumnos de los colegios Mackay y Saint Margaret’s con el fin de crear conciencia social. Una iniciativa para sacarle el sombrero y que planea transformarse en una herencia para las futuras generaciones.

Nos juntamos en una sala universitaria con los “jefes generales” —encargados de comunicarse con los rectores y autoridades de cada colegio, de tomar decisiones y gestionar el trabajo de las comisiones— de Must, como se hacen llamar. Con las sillas formamos un círculo precario. Ahí está Ignacia Jory (veinte años, estudiante de sicología en la PUCV), Francisco Ramdhor (veintidós, periodismo en la UAI), que más tarde me contará su experiencia construyendo mediaguas en Llay LLay y Gonzalo Jara (veinte, ingeniería civil UC), que resume el proyecto en forma notable: “una gran cadena de favores”. Ahí está Bernardita Loredo (veinte, sicología PUCV), una mujer con mayúscula que tiene clarísimo que lo de ellos va por la acción social que nace de un liderazgo. Ahí está Mirko Suzarte (veinte, derecho en la UAI) que habla de la motivación como motor de todo esto. Ahí está Carla Lagomarsino (veinte, derecho en la UAI) vestida de la palabra compromiso, como todos los demás.

Alegres y entusiastas, hablan con conocimiento de causa. Con los ojos de quienes han presenciado sufrimiento y situaciones límites. Con las ganas de quienes recién comienzan con la ayuda social. Con la certeza de saber que son jóvenes empoderados que luchan por remecer conciencias en una sociedad cada vez más apática y fría.

Se atropellan para hablar. No quieren dejar nada en el tintero. Ningún detalle, ninguna historia. “Teníamos ganas de hacer algo más, de crear una verdadera acción social que perdurara en el tiempo, de ir más allá de los típicos trabajos sociales”. Y vaya que lo están logrando.

LOS ORÍGENES

Corría mayo del 2011. El frío incipiente de Santiago se colaba con rapidez por el Campus San Joaquín. En el casino, Gonzalo Jara y José Manuel Llamazales se tomaban un café mientras conversaban, por enésima vez, del éxito que las iniciativas sociales tenían en la capital. Como exalumnos del MacKay, habían participado en programas sociales, como el de La Calle —que formaba parte de la malla curricular—. Pero no lo veían como suficiente. “Más que un incentivo, era una obligación”.

La frase de Gonzalo no era antojadiza. El tema de la acción social ya lo había conversado con sus amigos Francisco, Mirko y Bernardita de manera informal. Cada vez que se juntaban en cumpleaños o asados, terminaban hablando de lo mismo. De devolver la mano, de trascender de alguna manera, y no pasar como una generación más. “Nos dimos cuenta de que, en verdad, los trabajos sociales funcionaban y que nosotros teníamos el potencial para replicarlo en nuestra región y llegar a ser un gran aporte a nivel local”, recuerda Gonzalo.

La idea social de a poco comenzó a tomar forma. Pero necesitaban refuerzos, mentes pensantes, organización, y llevarlo al papel. Bernardita reclutó a su buena amiga Carla. Y a los pocos días, se fueron uniendo más jóvenes a través de las redes sociales. Todos ex alumnos del Saint Margaret’s y MacKay.
Redactaron un manifiesto que aterrizó en cierta forma sus inquietudes e intereses y enarboló la bandera del compromiso. En un principio se llamó Proyecto MAST, fruto de las iniciales de ambos colegios, pero sabían que iba a ser un nombre provisorio. Necesitaban un concepto más fuerte. Necesitaban que despertara interés. Necesitaban que tuviera algún sentido. Con el correr del tiempo, nació Must, que en inglés significa “deber”, palabra que los interpretó sobremanera y que le dio un real sentido a lo que estaban haciendo.
“Para nosotros significa una responsabilidad tremenda ser una especie de punta de lanza para la acción”, asegura Gonzalo. “Queríamos despertar una mayor conciencia social en los colegios, por eso nos enfocamos con los terceros y cuartos medios. Sentíamos que las generaciones estaban marcadas cada vez más por el materialismo”, comenta Bernardita. “La ayuda que se daba era muy “touch and go” y eso era justamente lo que queríamos evitar: el asistencialismo”.

Se contactaron con la directora del área Senior del Saint Margaret’s. Se contactaron con su homónimo del MacKay. A la semana, presentaron el anteproyecto a nivel de directorio en los dos establecimientos educacionales. Y luego a los terceros y cuartos medios. Y tuvieron éxito. Comenzaron a sumarse voluntarios. Diez, veinte, cuarenta. Jóvenes motivados por ayudar, pero no un fin de semana, sino que fuera un aporte constante en el tiempo y que se materializara en obras concretas.

COMPROMETIDOS

Igual que Pepe Grillo, es José Manuel Llamazales —ausente en esta entrevista, ya que estudia derecho en la Universidad de Los Andes, Santiago— quien se encarga de recordarles a todos que, como juventud, tienen una responsabilidad tremenda por las oportunidades que han tenido. “Tenemos que hacernos cargo de los problemas país, como la pobreza. El minuto es ahora. Ahora es cuando más posibilidades tenemos de hacer cosas. Tenemos más energía, más tiempo, más creatividad”. Ser artífices de un cambio social y reinventar la palabra solidaridad.

El 2011, al partir, decidieron construir porque implicaba un tremendo desafío. “Las construcciones significaban juntar plata, conseguirse las mediaguas, conseguir un lugar, trabajar con la municipalidad, conseguir permisos”. Y comenzaron a tocar puertas. Pero no fue fácil.

La Universidad Federico Santa María fue la primera institución que creyó en ellos. Y no solo eso, sino que fue la promotora de lo que vendría más adelante. Gracias a una alianza, los apoya incondicionalmente con la difusión, el financiamiento y el apoyo logístico. También cuentan con el apoyo de Inmobiliaria Bezanilla.
El trabajo previo que había tenido Francisco cuando estaba en el colegio los hizo decidirse por la localidad de Llay Llay. Como encargado del área de Logística dentro de Must fue a dos avanzadas, una a Pumanque y la otra a Llay Llay. Junto con la municipalidad realizaron un catastro con las diez familias más vulnerables y ver in situ sus necesidades. Las más imperiosas.

Hablaron con las asistentes sociales de cada una de las localidades y comenzaron a crearse vínculos inspirados en la confianza, elemento vital a la hora de entregar ayuda y generar un círculo virtuoso.
Pero faltaba contagiar y animar. Eso se logró gracias al llamado Mustaguazo que se realizó en el campis deportivo del colegio Mackay en Mantagua el 23 de octubre del año pasado, oportunidad en que el director de la Solidaridad, Antonio Daher, —el mismo que fundó Misión país y Trabajo País— se juntara con todos los voluntarios y les diera una pincelada de formación social a través del lema “Adelante, construye tú el cambio”. Fue una inyección de motivación a la vena, en donde este profesor e investigador de la facultad de Arquitectura de la PUC les contó de sus emprendimientos y que cómo era posible despertar, crear y construir el cambio.

COMUNIDAD MUST

Gracias a la inmediatez de las redes sociales, Must fue creciendo. A las cinco comisiones existentes (logística, difusión y actividades, insumo y transporte, formación y finanzas) se sumaron dos nuevas: apadrinamiento y comunicaciones.

Este año su foco está puesto en la Villa Primavera en Lomas de Montemar, un conjunto de veintisiete edificios que agrupan a más de mil cien familias. Ellos, los inspiradores de Must, realizan actividades para los niños durante los fines de semana, reforzamiento escolar y tienen programadas tres intervenciones físicas. “A través de la construcción de lugares de recreación, espacios comunes y casas básicas, queremos ser una ayuda directa, queremos mejorar de alguna manera la calidad de vida de las personas que viven ahí, queremos establecer vínculos con la comunidad a través de una instancia de apadrinamiento”.

Al no tener personalidad jurídica, los Old’s Mackayans R.F.C. los apadrinan, los respaldan y les dan la credibilidad necesaria para tocar puertas y conseguir auspicios, donaciones y financiamiento. “Este apoyo es fundamental”, reconocen todos.
Están contentos, inspirados, con las pilas puestas. Acaban de lanzar el proyecto Must 2012 en ambos colegios. Y están optimistas, reclutando en sus filas corazones solidarios que sigan aportando a esta gran cadena de favores.

¿Qué esperan para este año?
Este segundo año es crucial para la consolidación del proyecto, pues el 2011 logramos una excelente acogida por parte de los alumnos de los colegios, y en estos últimos meses han demostrado cómo su motivación ha perdurado, están inquietos por participar de nuevo y preguntan muy seguido cuándo serán las próximas actividades. Esperamos expandir e influenciar a más gente para que se comprometa.

La puerta está abierta:  www.proyectomust.cl

 

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